Panes

Lo siento, si estás esperando que en este post aclare las dudas al respecto de si el pan engorda, adelgaza… o te blanquea los dientes, va a ser que no.

La entrada de hoy es una invitación a la reflexión. Veamos, yo aporto una información que es probable que no sea muy conocida por muchos y luego que cada cual destile sus propias conclusiones (que además sería estupendo que plasmara en los comentarios).

Para ello voy a comentar la primera referencia que tengo sobre eso que se dice de que “el pan engorda”. He de reconocer que la referencia que voy a utilizar no es muy seria, no es muy erudita que digamos, pero es incontrovertible. Ya verás.

La historia

Se trata de un pasaje que sale en la muy recomendable película de 1955 “Historias de la radio” de José Luis Sáenz de Heredia. La peli es una comedia en la que varias historias personales confluyen y se entrelazan en un argumento que gira entorno a los primeros concursos radiofónicos de nuestra querida radiodifusión española. Pero eso es lo de menos (aunque te recomiendo que si puedes veas la peli porque es muy buena)

Lo que quiero resaltar es que en un pasaje de esta película tres de sus protagonistas, uno de ellos cura, hacen una clara e inequívoca referencia a que el pan engorda ¡ya en 1955!

Pan de san antonio 2La anécdota consiste en que el cura cuenta a los otros dos protagonistas que viene observando (sin ser visto) cómo “un pobre” entra todos los días en su iglesia y se dirige al cepillo de San Antonio para “saquearlo”. En realidad el cepillo consiste en un cajón guardado con llave al pie del santo y que tiene una abertura para depositar en él la limosna u ofrenda correspondiente… Además, el cepillo tiene una leyenda visible que a modo de metáfora limosnera reza: “pan de San Antonio”. El caso es que el cura cuenta a los dos hombres como un día vio entrar el ladrón cuando la iglesia estaba vacía, forzaba el cajón del “Pan de San Antonio” y tras encontrárselo vacío de monedas abandonó la iglesia sin tratar de “saquear” otros cepillos en los que se supone se dejaban las limosnas. El cura relata que entonces pensó que lo que le pasaba al pobre-ladrón era que tenía hambre (ni más ni menos) y que debió pensar que en el cepillo de San Antonio había pan de verdad, del de miga y corteza, y que era solo eso lo que quería robar. Para comprobar el cura su teoría al día siguiente depositó dentro del famoso cajón un pan tierno y, cuando de nuevo entró el pobre-ladrón… forzó de nuevo el cajón y se llevó solo el pan que en él halló. Y así se repetía la jugada todos los días: el cura dejaba una hogaza de pan dentro del cajón con llave, el pobre-ladrón entraba, abría el cajón con una ganzúa y se llevaba solo el pan aunque además encontrara monedas.

Pan de san antonio 3

Es entonces, cuando uno de sus interlocutores le pregunta al cura si es por esa razón que él come a diario sin pan… a lo que el cura (que era de los de verdad) se siente “pillado” y creyendo que quienes le acompañan pueden pensar que les ha contado la historia para hacer lucir su generosidad con los necesitados se justifica diciendo que verdaderamente él no comía pan “porque dicen que engorda”. En realidad dio esta respuesta para hacer buena aquella máxima que sostiene que en la persona verdaderamente generosa la mano izquierda no se ha de enterar de lo que hace la derecha… cuando la verdad última era que no comía pan para poder dejárselo al pobre-ladrón, infeliz él, que solo quería robar pan para comer (ya digo que el cura de la peli es de aquellos que llevaba la sotana con profesionalidad).

La resolución de la anécdota peliculera es lo de menos a estas alturas, baste decir que el cura, buenazo como él solo y agradecido por la conversión religiosa del pobre quien poco a poco además de llevarse el pan cada día tenía un gesto de religiosidad cada vez mayor, termina poniendo en el cepillo de San Antonio el siguiente letrero:

Pan de san antonio 4

La historia existe, ¿pero quién tiene razón?

Bueno, volviendo a lo nuestro, esta escena deja rotundamente clara que la edad de la historia esta del pan y su capacidad engordante se remonta por lo menos a los tiempos de Maricastaña. Así estaban las cosas cuando nuestros abuelos se dedicaban a criar a nuestros padres (al menos los míos)… y así están ahora.

En la actualidad, la historia de que el pan engorda sigue estando a la orden del día, tanto en la conciencia popular como en la de algunos “profesionales” sanitarios. Algo que no deja de ser curioso ya que las estadísticas de consumo de alimentos reflejan la drástica caída en el consumo de pan en España en los últimos 40 años, cifras que reflejan que, cada español, consume menos de la tercera parte del pan que consumían los españoles de hace 4 décadas. Sin embargo, es precisamente en estos 40 años últimos cuando las cifras de obesidad han sufrido un crecimiento casi exponencial.

Quizá sea este último dato el que ha provocado que en los últimos tiempos los responsables de la producción de pan en España (principalmente la Asociación conocida como “Pan cada día”) publiquen notas de prensa día sí, día también diciendo lo buenísimo que es el consumo de pan para la salud. Con dichos comunicados, en mi opinión un tanto descontextualizados y con argumentos en cierto sentido pueriles, esta asociación trata de desmentir con estudios científicos todos lo vituperios que desde tiempo inmemorial se le dedican al pan y a la cuestión de la obesidad…

Pero al mismo tiempo, también tenemos todos esos estudios que de forma poco práctica (al menos desde mi punto de vista) se encargan de decir que cuanto menos pan comamos es mejor para la salud, llegando (así parece en cierta medida tras la lectura de los propios estudios) a equiparar el consumo de pan poco menos que con el de otros alimentos o productos netamente más negativos sobre nuestra salud.

Señores, no me gusta como hace su trabajo “Pan cada día”, creo que debieran refrescar su imagen, su argumentario y sus objetivos estratégicos. Tampoco me gustan los estudios que ponen como hoja de parra al pan, culpándolo junto a otros cómplices alimentarios y sin hacer distingos entre ellos, de todos los males de salud.

En resumen

No me creo que el pan engorde ni tampoco me creo lo contrario. El pan es un alimento originalmente humilde, que si bien es cierto a día de hoy no tiene un interés nutricional espectacular, pienso que puede formar parte en su justa medida de nuestra alimentación. Aquí hemos comido con pan toda la vida y nuestros bocatas son los mejores del mundo y eso es gracias en cierta medida al uso de pan de verdad… y no siempre hemos estado “gordos”. Claro que puede ser peligroso pasarse con el pan… y con el agua también. Pongamos un poco de cordura en esto de la comida, las frases célebres y la evidencia científica.

Señalar al pan como el malo de esta película con la cantidad de actores hijoputas que tenemos en nuestros días campando a sus anchas, es tan útil como matar moscas a cañonazos. No me gustaría que esta mi opinión se interpretara para que ahora saliéramos todos gritando “viva la barra –libre- de pan”. Para nada, el pan tiene su hueco y su proporción. Mucho menor que la que se le podía otorgar antaño (para mí el mejor sitio donde puedes ubicar el pan lo encontrarás en esta herramienta o si lo prefieres consultando mi opinión en este post).

Que no te atormenten con los mensajes satanizadores sobre el pan. Cómelo si te da la gana, en su justa medida y por supuesto, por tu salud, que sea integral.

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  • Evolución de la obesidad en España en el último decenio
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Imagen:  amenic181 vía freedigitalphotos.net

EROSKI CONSUMER

  • ‘Envejece’ pronto y se endurece de forma rápida durante el almacenamiento.
  • Si no se consume en uno o dos días, el pan fresco debe guardarse en una panera o bolsa de papel: en plástico provocaremos la formación de humedad.
  • Debe evitarse ambientes fríos, el contacto con el aire y el sol, así como optar siempre por un lugar seco de conservado.
  • El pan duro ha de rallarse cuando tenga un máximo de cinco día, no más, observando siempre que no ha formado moho.

Pan

El pan es un clásico de la cocina. Siempre hay, al menos, una barra o parte de ella en nuestros hogares. Pese a ser uno de los habituales acompañantes o ingrediente de gran variedad de platos, muchos desconocen aún cuestiones básicas como si el pan caduca o cómo debe almacenarse en la cocina.

El pan es el resultado de la cocción de una masa hecha con la mezcla de harina, sal, levadura y agua, en las proporciones adecuadas, correctamente amasada y fermentada. En la fermentación se generan los aromas, el dióxido de carbono que permite que la masa de pan aumente de volumen y de otros compuestos característicos del pan. Todo ello hace que se trate de un alimento con una vida útil corta: ‘envejece’ pronto y se endurece de forma rápida durante el almacenamiento. Eroski Consumer explica cómo evitar que el pan se endurezca y cuáles son los principales factores de deterioro de alimentos como el pan.

Nada más salir del horno, se inician los procesos que convierten el pan fresco en pan rancio. Si bien la miga se endurece, la corteza se ablanda. Esto se asocia a un resecamiento de la miga. Una de las principales amenazas del pan son los hongos, como aspergillus y penicillium (los panes industriales contienen sustancias antifúngicas que evitan su degradación y permiten que se conserven durante más tiempo).

Debe tenerse en cuenta que, si no se consume en uno o dos días, es recomendable guardarlo en una panera o bolsa de papel, nunca en plástico, para evitar que se forme humedad. Si el tiempo de consumo es superior a los dos días, puede almacenarse en una bolsa de plástico y congelar. El pan no debe meterse en la nevera porque se consigue todo lo contrario a mantener su frescura; las temperaturas frías provocan que se endurezca más rápido que a temperatura ambiente.

Es aconsejable cortar solo la cantidad de pan que se tenga intención consumir, ya que si se cortan más rebanadas de la cuenta, estas se endurecerán antes al entrar en contacto con el aire (el oxígeno del aire estropea los alimentos) y la luz. Esto explicaría también por qué cuanto más grande es la pieza de pan, más tiempo permanece en buenas condiciones. Y es que los panes de formato grande se conservan mejor porque la corteza suele ser más gruesa, lo que permite que se mantenga mejor la humedad en el interior de la miga. También es importante evitar el contacto directo del sol y conservarlo en un lugar seco. Si se deja en un lugar húmedo, existe el riesgo de que se desarrollen hongos indeseados.

¿Y el pan duro, caduca? El pan duro de unos días (unos cinco, no más) puede rallarse sin problema. Sí se pudre, con el tiempo, una vez se ha quedado duro. Una manera de saber si se puede aprovechar sin riesgos es observar que no tiene moho. El pan rallado procedente del pan duro sin moho puede utilizarse sin problema y conservarlo en un lugar seco durante unos meses. Además de rallarlo, pueden hacerse picatostes, tostadas, canapés y entremeses, torrijas…

Qué hace que se deteriore

Los alimentos se deterioran por distintos motivos. El periodo de conservación varía en función del producto y de las circunstancias externas. Hay ciertas condiciones que aceleran la descomposición, como la luz, el oxígeno, la temperatura o la humedad. El proceso de deterioro, o cambio desagradable en su estado normal de alimentos como el pan, los vegetales, el pescado o la carne, está motivado, además de por los aspectos citados, a una manipulación inadecuada.

  • El oxígeno puede tener efectos perjudiciales para grasas, colorantes o vitaminas y puede proporcionar condiciones para que crezcan microorganismos o se produzca oxidación.
  • La humedad afecta también en gran medida al deterioro, incluso en alimentos secos como la harina o los cereales. El control de este riesgo pasa por procesos como la deshidratación, la congelación (cambio de líquido a sólido) o el uso de aditivos como la sal o el azúcar.
  • La luz también determina cambios en el alimento (color, sabor o pérdidas de vitaminas). En productos sólidos, la luz penetra en la capa exterior, que es donde se produce el deterioro. La sensibilidad a la luz depende de factores como la intensidad, el tipo de luz, la distancia entre la fuente de luz y el alimento, la duración de la exposición o la temperatura.
  • La temperatura también es una manera de controlar el deterioro de los alimentos. Si esta no se controla de forma adecuada, el riesgo de descomposición es mayor.
  • El pan no está considerado un alimento de alto riesgo alimentario porque tiene más resistencia a los microorganismos patógenos al ser más estable a temperatura ambiente. Al lado de galletas, cereales, pasta o miel, tiene un riesgo bajo de sufrir alteraciones o deterioro, aunque no por ello deben menospreciarse las pautas de manipulación de los alimentos.

¿Es seria la alergia al apio?

admin 18 de septiembre de 2015 0 Comentarios

apioSí, y que nadie tenga la menor duda al respecto. De hecho, el apio es una de las causas más frecuentes entre las alergias alimentarias con una especial incidencia en ciertos países europeos. Por ejemplo, se estima que en Suiza y Francia entre el 30 y el 40% de los pacientes que padecen algún tipo de alergia alimentaria son alérgicos al apio, y que cerca del 30% de aquellas reacciones anafilácticas más severas son debidas a este alimento o a sus alérgenos. Los síntomas de la alergia al apio comprenden reacciones orofaríngeas locales y en algunos casos manifestaciones más graves que tal y como ya he mencionado incluyen la anafilaxis sistémica potencialmente mortal.

Como puedes contrastar me refiero a la alergia de verdad… no a esa visceral aversión que padecen algunos, no poca gente, a la hora de llevarse cualquier cosa verde a la boca.

Que el apio pueda producir alergias, o mejor dicho, contenga alérgenos, se puede contrastar consultando la legislación al respecto de las sustancias o productos que los fabricantes o envasadores de alimentos están obligados a incluir en la información facilitada al consumidor (el ya conocido RE 1160/2011). De esta forma, en el anexo II encontramos al “apio y productos derivados” ocupando el noveno lugar de esa lista de elementos susceptibles de causar alergias o intolerancias y que por tanto es obligado declarar su inclusión en el etiquetado cuando proceda.

Apio ketchup

El caso es que además de poderse aplicar uno directamente sobre el apio fresco al añadirlo a una exquisita ensalada ensalada Waldorf o al zumo de tomate preparado, el apio además puede llegara tu boca como ingrediente en una importante cantidad de productos alimenticios que la industria pone a nuestra disposición. Se utilizan en para aromatizar diversas salsas, carnes procesadas, platos preparados, condimentos, caldos, algunas bebidas alcohólicas y no alcohólicas, productos horneados, goma de mascar, algunas grasas y aceites, caramelos blandos, sopas, gelatinas, etcétera.

En la imagen de la derecha queda reflejado como se distribuyen los sobrecitos de una famosa marca de kétchup en una conocida cadena de hamburgueserías. Si te fijas (y he de reconocer que fue algo que me llamó poderosamente la atención) solo se incluyen dos datos sobre este alimento, su fecha de consumo preferente y que contiene apio. Esto es así (sin lista de ingredientes ni información nutricional, entre otras cosas) porque según la normativa anteriormente mencionada, cuando el envase cuya mayor superficie sea inferior a 10 cm2, como es el caso, solo es obligatorio mostrar:

La denominación del alimento; todo ingrediente o coadyuvante tecnológico que figure en el anexo II o derive de una sustancia o producto que figure en dicho anexo que cause alergias o intolerancias […] (de ahí la mención expresa al apio); la cantidad neta del alimento y su fecha de duración mínima o fecha de caducidad.

Aunque así visto la información en el sobrecito de kétchup parece que el apio fuese algo parecido al cianuro… pero no.

¿Alergia? Pero de qué demonios me estás contando!

¿Alergia? Pero qué demonios me estás contando!

Alergia… ¿al apio?

Pues sí. Aunque por estas latitudes no es muy frecuente, a diferencia de otras regiones como en Centroeuropa en dónde es más frecuente encontrarse con ciudadanos susceptibles al apio, este tipo de alergia es relativamente habitual y es preciso prestarle la misma atención que a las alergias ocasionadas por otros alimentos. Pero antes de continuar retrocedamos para aportar un poco de información general al respecto de las alergias alimentarias.

Se considera “alergia alimentaria”:

Al conjunto de reacciones adversas a alimentos, debidas a su ingestión, contacto o inhalación, de patogenia inmunitaria comprobada. Solo se produce en algunos individuos y puede ocurrir después de la toma de muy pequeñas cantidades del alimento y no se relaciona con ningún efecto fisiológico o fisiopatológico propios del mismo

Tal y como ya se ha hecho constar infinidad de veces en este blog, el término “alergia alimentaria” se ha venido utilizando mal y de forma abusiva, para referirse incorrectamente a cualquier reacción adversa a un alimento o aditivo alimentario. No es el propósito de este post el entrar en demasiados detalles sobre el tema genérico de las alergias, pero es necesario decir que no es el alimento en su conjunto el que provoca la alergia en el sujeto predispuesto sino que esas reacciones alérgicas son desencadenadas por elementos concretos presentes en alimento, en cualquier caso todos ellos responden a una misma naturaleza química, son proteínas o de glicoproteínas. Son estos elementos particulares y no otros los que en el alimento se denominan alérgenos y que son los verdaderos causantes de la alergia.

¿Cuáles son los alérgenos del apio?

Son diversos los alimentos que dentro del grupo de las frutas y verduras pueden presentar alérgenos susceptibles de ocasionar una respuesta inmunitaria exagerada en personas predispuestas (es decir, de manifestar alergia)… pero entre las hortalizas, el apio (Apium graveolens) tiene un interés particular dada la facilidad con la que puede llegar a provocar estas reacciones. En realidad sus alérgenos son similares a los contenidos en el polen de abedul… por lo que es probable que este tipo de personas presenten alergia a ambos elementos (así como a la artemisa, zanahoria, cilantro, perejil y eneldo entre otros) alimentos con los que además se puede presentar reactividad cruzada. En líneas generales se pueden citar seis alérgenos característicos en el apio, numerados de forma correlativa del 1 al 6 como Api g1, Api g2, Api g3… etcétera. Tienes información más concreta sobre la naturaleza de estos alérgenos en este documento de la EFSA sobre alergias (página 159)

Interesante esto que cuenta el nutricionista, no crees?

Interesante esto que cuenta el nutricionista, no crees?… Sip

¿Qué hacer si se tiene o se sospecha tener alergia al apio?

Tal y como decía son varias las respuestas alérgicas que puede presentar una persona predispuesta cuando tiene algún tipo de reacción a esta familia de alérgenos, ya tengan origen alimentario o no. En concreto y sobre el apio, además de evitar el contacto y consumo de apio fresco, la persona afectada deberá de leer las etiquetas de todos los productos alimenticios buscando la información sobre alérgenos. Si por la razón que fuera no estuviera presente en el momento de compra o adquisición del alimento (por que el alimento se vende a granel, el envase es especialmente pequeño…) el interesado tiene el derecho a que se le facilite este tipo de información que en cualquier caso habrá de estar a disposición de los consumidores.

Entre la información que se puede encontrar en internet sobre este tema (bastante dispar) hay quien sostiene que cocinar el apio disminuye o incluso hace desaparecer su potencial alergénico, lo cual es un error. Si bien es cierto que en determinadas circunstancias y para determinadas personas esto puedo funcionar en cierta medida, el principio de precaución invita a desestimar esta recomendación ya que hay estudios que han contrastado que incluso a bajas dosis se pueden provocar respuestas de alérgica local (con 0,7g de apio) y sistémicas (1,6g de apio) ya sea con el apio crudo o cocinado. Sin que además se descarte que algunas personas puedan reaccionar a dosis aun menores.

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Nota: Mi agradecimiento otra vez (esto empieza a ser una costumbre… bonita) a Miguel Lureña (No dejes de visitar su muy recomendable blog: Gominolas de petróleo) y sus reflexiones que me han ayudado a confeccionar este post.

Imagen: Tiia Monto vía Wikimedia Commons y giphy.com

Se puede decir más alto pero no más claro:

Una dieta que consista en tener un bajo aporte de fruta, verdura, alimentos integrales y fibra… y que al mismo tiempo sea generosa con las carnes rojas, la sal y el azúcar (y los alimentos que la incluyen como ingrediente) es en la actualidad un elemento modificable y perteneciente a los llamados estilos de vida que se ha revelado, de nuevo, como crucial a la hora de establecer el riesgo de muerte prematura.

Esta es una de las múltiples conclusiones que se pueden extraer del estudio recientemente publicado en The Lancet titulado Global, regional, and national comparative risk assessment of 79 behavioural, environmental and occupational, and metabolic risks or clusters of risks in 188 countries, 1990–2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013 (en resumen: el coste mundial de la enfermedad) y que tienes a tu disposición para consultarlo entero en el anterior enlace. Te lo digo porque como viene siendo habitual con The Lancet, se agradece sobremanera la cantidad y calidad de información incluida en sus publicaciones.

Esqueleto manzana

Esta publicación resume un estudio en el que se examinó la esperanza de vida en 188 países (entre 1990 y 2013) en base a 79 factores de riesgo. Y, como te decía Los factores de riesgo dietéticos, incluyendo el bajo consumo de frutas, verduras, cereales integrales, nueces y semillas tienen uno de los mayores impactos en las causas de muerte temprana antes de alcanzar las expectativas.

Junto con la dieta como elemento modificable más importante en nuestras vidas, hay que ser consciente que más de la mitad de todas las muertes que se producen mundialmente en un año son atribuibles a esos factores en los que tenemos margen de maniobra: comer una cosa u otra, beber alcohol o no, fumar o no, etcétera. Pero repito, la lectura ha de ser clara: son las dietas mal planificadas el elemento aislado que más problemas ocasionan en nuestra salud.

El informe observa algunas diferencias importantes al respecto de las causas de muerte en virtud del país del mundo que se considere. No obstante, el consumos de alcohol, el sobrepeso, el consumo de tabaco, la contaminación del aire, la potabilidad del agua y la alimentación se rifan en general los primeros puestos a la hora de ostentar el dudoso privilegio de ser la principal causa de fallecimiento en virtud de la zona geográfica observada.

En lo que respecta a España, los principales factores de riesgo ordenados de 1 a 10 son:

  • El exceso de peso (determinado mediante el conocido Índice de Masa Corporal)
  • El hábito tabáquico
  • La presión arterial alta
  • La glucemia en ayunas alta
  • El consumo de alcohol
  • El déficit de la filtración glomerular (un valor que mide la función de los riñones)
  • La escasa actividad física
  • Tener alto el colesterol total
  • El consumo de drogas y
  • El elevado consumo de carnes procesadas

A modo de anécdota creo interesante hacer destacar que España es el único país de su entorno europeo en el que el exceso de peso ocupa este ignominioso primer lugar… una situación que si se repite sin embargo en países de Sudamérica y de Oriente próximo.

Bien, ya lo sabes, comer mal nos pone enfermos y nos termina matando, y tener exceso de peso también… amén de otros factores que como puedes ver son modificables y que está en tu mano el optimizarlos. Ahora depende de ti el ponerte manos a la obra para tratar de mejorar.

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Nota: Mi agradecimiento, de nuevo, a Hector Lousa (@HectorLousa ) por hacerme llegar este importante artículo

Imagen: artur84 vía freedigitalphotos.net

omega3

Este verano ha venido cargado de primicias nutricionales que conviene repasar. Una de ellas ha sido la del varapalo que se han llevado los suplementos de omega-tres. Recordemos que los ácidos grasos omega tres empezaron a saltar a la fama en la década de los años 80… al principio dentro de la comunidad científica, sin hacer demasiado ruido. Hay que tener en cuenta que a fin de cuentas son lípidos, grasas, y que la imagen de este macronutriente no era especialmente bondadosa en aquellos años.

Ya desde su “descubrimiento” se vino observando que las personas que incluían en su dieta una proporción relativamente alta de este tipo de nutriente tenía un menor riesgo cardiovascular. Por eso, la década de los cardados imposibles y las hombreras eternas (los 80, para quien necesite la aclaración) dio paso a la de los 90, caracterizada entre otras cosas por el refulgir de los llamados alimentos funcionales. La estrategia es muy simple y en principio con bastante lógica:

Si las dietas con un aporte adecuado de omega-3 benefician la salud cardiovascular, quienes no tomen alimentos con suficiente omega-tres se podría beneficiar de la suplementación a partir de pastillitas, ampollitas, etc. que contuvieran este nutriente

Y así desde hace 25 años más o menos nos están vendiendo la burra de lo estupendo que son los suplementos con omega-3. Sin ir más lejos, y no hace demasiado, estamos siendo víctimas del tormento publicitario a bombo y platillo de un complemento alimenticio que incluye este nutriente y que está asociado (¿avalado, respaldado, en colaboración…?) de la ínclita Fundación Española del Corazón

Pero resulta que la burra nos está saliendo mala, vieja… o en definitivas cuentas, inútil. ¿Estás diciendo que los omega-3 no sirven para nada? No. Lo que digo es que una importante revisión sobre la utilidad de los suplementos de omega-3 para la mejora de la salud cardiovascular ha puesto de relieve que es la misma que frotarse las orejas con vino (una expresión que decía mucho mi abuela para poner hacer constar la nula utilidad de algunas soluciones)

El estudio se titula: Association Between Omega-3 Fatty Acid Supplementation and Risk of Major Cardiovascular Disease Events (Asociación entre el uso de suplementos de omega-3 y el riesgo de eventos graves de enfermedad cardiovascular). En este estudio, se revisó la literatura científica más relevante publicada hasta el momento y se extrajo una conclusión destilada de su interpretación… fue esta:

En general, los suplementos de omega-3 no se asociaron con la reducción del riesgo de mortalidad debida a eventos vasculares ya sea muerte súbita, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular. No hay reducción de este riesgo ni observando los datos de forma absoluta ni relativa.

Dicho esto, lo que es preciso aclarar es que una cosa son las pastillitas de omega-3 y otra muy distinta las dietas que con alimentos incorporen de forma original una fuente dietética de este tipo de ácidos grasos polinsaturados. Y es que los beneficios de una dieta de este tipo aun no se han cuestionado y menos de forma tan contundente como con las pastillitas.

Para que no nos queden dudas, el mensaje es, que si lo que se pretende es reducir la posibilidad de que fallezcamos víctimas de un evento cardiovascular, la toma de suplementos, como este de aquí, por muy famoso que sea y mucho aval que lleve, no sirve pa-ra-na-da. Y si me equivoco o miento, que vengan con las pruebas de su utilidad y que me denuncien.

Una de las cuestiones que no podemos olvidar en este caso o en otros similares, es que la ley ampara este tipo de productos. Me refiero a que en base al RE 432/2012, de este tipo de suplementos que aportan omega-3 en unas determinadas condiciones se puede decir, entre otras cosas, que:

Los ácidos eicosapentaenoico y docosahexaenoico [ambos de la familia omega-3] contribuyen al funcionamiento normal del corazón.

Ahora, con lo que sabemos, lo que habría que hacer es destinar la posibilidad de poner dicha alegación solo en el bonito, el atún, los salmonetes, la trucha, las sardinas, el salmón, el rodaballo, el besugo, el cabratxo, las anchoas, etcétera.

Y es que consumir una ración típica de este tipo de alimentos incorpora “de serie” entre 5 y 15 veces más omega-3 que cualquiera de las cápsulas al uso que se recomiendan de forma diaria. Además, se tienen firmes sospechas que la “matriz alimentaria” original… es decir, los alimentos normales, influyen en un mejor aprovechamiento de esos nutrientes que hemos identificado como claves y que, por tanto, “funcionan” en los alimentos, pero no (o no tanto) en los suplementos.

Este ejemplo vuelve a ser otra historia que refuerza el sinsentido del nutricionismo de los… de los suplementos.

Si te ha gustado esta entrada te interesará ampliar información con:

  • El asunto de los omega-3 no se aclara ni a la de idem
  • “Fuente de Omega-3”… entre el pitorreo de la industria y la legislación
  • Incluir nutrientes “clave” es percibido como más saludable que comer comida
  • ¿Cómo “se mete” el omega-3 en los huevos ricos en tal?
  • Industria alimentaria: ¿nos engaña o está desinformada?
  • Sellos y logos “científicos” en los alimentos: ¿avalan o avisan?
  • ¿Funcionan los alimentos funcionales?
  • Las mal llamadas “leches de crecimiento”: innecesarias y caras

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Nota: Mi agradecimiento para Juan José Sáez @jjsaenzde por acercarme en su día estos contenidos.

Imagen: Christian H. vía Wikipedia Commons

No te apures, el título de hoy no es más que una opinión, y aunque quede aquí publicada para los restos, será pronto olvidada y barrida de la actualidad en favor de un mensaje mucho más complaciente sobre el consumo de bebidas alcohólicas.

En realidad, el título de hoy tan solo recoge en unas pocas palabras lo que unos cuantos profesionales de la salud venimos defendiendo desde hace mucho tiempo al respecto del impacto que sobre la salud tiene el consumo de bebidas alcohólicas. Pero no te preocupes, insisto, la mayoría de profesionales de la salud opinan lo contrario y jamás osarían pronunciarse en este sentido. Su discurso, ya lo conoces, se parece más al de los periódicos, las bodegas y las revistas: una copita de vino es buena para el corazón… o de cerveza, que también con moderación, vale para casi todo por no decir para todo tal y como vimos en esta entrada de hace unos pocos meses.

Sin embargo, cada vez hay más profesionales que dan la cara para hacer ver una realidad que permanece amordazada en aras del consumismo de este tipo de bebidas. ¿Qué quién pone la mordaza? Si lo dijera aquí me metería en un lío, así que piensa por tu cuenta a quién le puede interesar que se beba más alcohol (vino o cerveza o lo que sea) y utilice para promocionarlo un recurso infalible: tu salud. Bebe (con moderación) que es bueno, sería el megaresumen del asunto. Pero como te decía cada vez se oyen más voces disonantes al respecto de este mensaje que consideran que el hacer cualquier promoción del consumo de bebidas alcohólicas tiene una resultante neta con muchos más perjuicios que beneficios… y de largo.

Alcohol riesgo_beneficioo

El caso es que esos profesionales que nos dedicamos a poner el consumo de bebidas alcohólicas en su sitio apenas conseguimos hacernos oír. No es porque no tengamos razón (claro, que te voy a decir yo) es que tenemos pocos recursos para hacer visible nuestro mensaje (y conste que en este sentido me considero un afortunado). La industria que se dedica a la producción y comercialización de bebidas alcohólicas tiene muchos más recursos que nosotros, y los hace valer. Solo han de elevar su voz por encima de la nuestra para que dejemos de ser oídos. Y eso lo tienen muy fácil, eso se consigue con dinero. Más publicidad, más “informes y estudios científicos” autofinanciados y en forma de noticias y notas de prensa hace que en poco tiempo nuestro mensaje sea barrido de la conciencia colectiva. Al final, el consumidor medio se queda con lo que hay, lo masivo, lo que a golpe de euro, arrasa e inunda con todo lo demás. Y todo ello sin hablar de las relaciones que también a golpe de billete se establecen entre esas empresas y las administraciones sanitarias que terminan haciéndonos llegar el mismo mensaje complaciente… a la par que perjudicial: beber (con moderación) es bueno. Y así no hay forma de competir

Lo cierto es que, todo hay que reconocerlo, nuestro mensaje en sí mismo, no interesa a casi nadie. Bueno, sí que podría interesar, pero es que el otro es la leche… dónde va a parar, que te digan que tu salud sale beneficiada por hacer algo que mola es un mensaje muy potente y “convincente”.

Te cuento todo esto con la excusa de traerte hasta el blog un fragmento del programa de RNE “No es un día cualquiera” en el que se entrevista a un experto sobre este mismo tema. Se trata de David Rodríguez, Dr. en Medicina y especialista en los efectos del alcohol sobre el cerebro y autor precisamente del libro “Alcohol y cerebro”. Me ha parecido muy valiente y muy de agradecer que desde un medio de comunicación público se apueste por aportar este tipo de mensajes contundentes y tan necesarios.

Te invito a que si de verdad te interesa este tema, escuches con detalle las aportaciones de este especialista sobre el tema que, sin ambages y sopesando las diversas circunstancias asociadas al consumo de alcohol, se posiciona diciendo sin duda alguna que el consumo de alcohol es injustificable desde el punto de vista médico. Injustificable.

Entrevista David Rodríguez

 

Puedes ampliar los contenidos del artículo en estas entradas:

  • Exagerada promoción salutífera del consumo de bebidas alcohólicas (mi paso por #PintOfScienceSpain)
  • ¿Es tan beneficioso para la salud el consumo moderado de bebidas alcohólicas?
  • Consumo de alcohol, cáncer y salud cardiovascular según la OMS (de nuevo)
  • Informe OMS 2014: consumo de alcohol y salud en el mundo
  • El efecto del alcohol sobre la salud. La opinión de la OMS
  • ¿Sabes si eres alcohólico?
  • Bebidas alcohólicas y salud: ¿Buena o mala relación?
  • La falacia de hablar demasiado bien de la cerveza
  • ¿Quién dice que la cerveza es buena para la salud?

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EROSKI CONSUMER

  • En ningún caso implican riesgos para la salud ya que los materiales de ambos están sujetos a estrictas normas de seguridad.
  • El papel de aluminio es impermeable a la luz, la humedad, los gases, las bacterias y los olores.
  • Uno de los inconvenientes que plantea el empleo del papel de aluminio es la posible migración que se puede producir del papel al alimento, en especial, en el caso de alimentos ácidos (salsa de tomate o escabeches).
  • El film es resistente al agua y evita la deshidratación.
  • No deberá emplearse si existe el riesgo de que se funda con la comida y tampoco para envolver alimentos altos en grasa.

Papel de aluminio

En la cocinas es habitual encontrar tanto papel de aluminio como film transparente por ser métodos sencillos de almacenamiento, transporte y conservación de los alimentos. Muchos se preguntan cuál es más recomendable o qué uso es más aconsejable en cada caso para uno u otro.

La respuesta sobre cuál es mejor dependerá del alimento y de la utilización de cada uno de ellos. Desde Eroski Consumer se explica cuáles son las particularidades del papel de aluminio y el film transparente y para qué usos están más indicados.

Sin riesgos para la salud

Todo material que entra en contacto con los alimentos, ya sea plástico, aluminio o cualquier otro, como vidrio, papel o cerámica, está pensado para que su uso no implique riesgos para la salud humana. En ello trabajan las autoridades sanitarias de todos los países, que centran sus esfuerzos en hacer que el empleo de los distintos materiales no alteren los productos alimenticios. Se tienen en cuenta sobre todo aspectos como la temperatura, el tiempo de contacto y el tipo de alimentos.

La Unión Europea cuenta con una política regulatoria destinada a garantizar que los materiales que entran en contacto con los alimentos son seguros y no suponen un riesgo para la salud de los consumidores. Según el Reglamento 1935/2004, se refiere a 17 tipos de materiales: plástico (papel film), celulosa regenerada, caucho, papel y cartón, cerámica, vidrio, metales y aleaciones (donde se incluiría el papel de aluminio), madera, textiles, ceras de parafina y de microcristalinas, materiales activos, adhesivos, corcho, resinas de intercambio iónico, tintas de impresión, silicona, barnices y revestimientos.

El control de los materiales en contacto con los alimentos incluye también un listado con las sustancias que pueden utilizarse para su fabricación. Cuando se controlan los materiales en contacto con alimentos, una de las prioridades es comprobar que no se producen migraciones de cualquiera de las sustancias al alimento. Todo ello sin perder de vista que debe cumplir con una misión fundamental, que en la mayoría de los casos es evitar que el alimento se deteriore.

Papel de aluminio y sus usos

El papel de aluminio actúa como barrera protectora en la pérdida de aromas de los alimentos, los resguarda de la luz, el oxígeno, la contaminación y la humedad. A pesar de ser muy fino (unos 0,2 mm de grosor) protege de manera muy eficiente los alimentos. Otras particularidades del papel de aluminio son las siguientes:

  • Es ligero pero fuerte y, por tanto, permite envolver productos de distintas formas sin que se pierda su función de barrera.
  • Es impermeable a la luz, la humedad, los gases, las bacterias y los olores.
  • Puede utilizarse para cocinar, ya que es un efectivo conductor de calor.
  • Sin embargo, es fácil de rasgar y de que se hagan agujeros.
  • Uno de los problemas asociados al uso del papel de aluminio ha sido, en los últimos años, su impacto medioambiental.

Uno de los inconvenientes que plantea el empleo del papel de aluminio es la posible migración que se puede producir del papel al alimento, en especial, en el caso de alimentos ácidos. Esta migración depende de aspectos como la temperatura y el tiempo de calentamiento (cocción), la composición y el pH del alimento y la presencia de ácidos orgánicos, sal y otros iones. Las latas de bebida o tetrabriks están recubiertos con capas de polímero que evitan el contacto directo del alimento con el aluminio. Según un informe del Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), la exposición al aluminio es de 0,1 mg/kg/día en el caso de los materiales en contacto con alimentos.

En condiciones normales, la migración del aluminio a los alimentos es poco significativa, excepto en el caso de alimentos ácidos como salsa de tomate o escabeches.

Film transparente

El film transparente es seguro para proteger los alimentos pero, como muchas otras cosas, tiene que usarse de manera correcta y seguir las instrucciones del fabricante. Debe tenerse en cuenta que no todos los tipos de papel son adecuados para utilizar con todos los alimentos. No deberá emplearse papel film, si existe el riesgo de que se funda con la comida, como introducirlo en el horno o en sartenes, ni tampoco para envolver alimentos altos en grasa. Algunas de las principales características de este papel son las siguientes:

  • Es transparente, por tanto, se puede ver lo que hay dentro.
  • Es moldeable y se adapta a las formas irregulares de algunos alimentos.
  • Es resistente al agua y evita la deshidratación.

Este tipo de papel se elabora con polietileno de baja intensidad. El polietileno es uno de los plásticos más usados. Una de sus principales aplicaciones en el sector alimentario es almacenar alimentos.

Capsula coheteEstá guay, muy guay, eso de preocuparse por adelgazar cuando las circunstancias personales de cada uno lo ponen de relieve. Cuando se consigue de verdad, el hecho de ir restándole kilos a nuestra existencia suele implicar un mejor pronóstico de salud, una mayor seguridad personal, la satisfacción de los objetivos alcanzados y, para mí última instancia, una mejoría en la imagen.

No obstante, al afrontar las posibles soluciones asociadas al hecho de adelgazar, las personas implicadas se enfrentan a una primera dicotomía que les obliga a tomar una decisión. Me refiero al “cómo”. Se puede hacer “bien”, tomando las medidas oportunas que implican un cambio en los hábitos de vida que en cada caso le han llevado a cada a ir incrementando su peso de forma paulatina… y se puedo hacer “mal”, es decir, usando cualquiera de las muy frecuentes y ubicuas “soluciones adelgazantes” que en realidad solo son meros artificios cosméticos especialmente diseñados para tranquilizar conciencias y de esta forma reafirmar al usuario en la confianza de que algo ya se está haciendo para atajar el problema del sobrepeso. Hacerlo “mal” y recurrir a esos artificios cosméticos implica, por ser más claro, recurrir a los denominados como “productos milagro” (entre otras posibles malas soluciones).

Sin embargo, tal y como se ha puesto de manifiesto en numerosas entradas a lo largo de los casi cuatro años de existencia de este blog, no existe ni uno solo de esos “productos milagro” que haya conseguido demostrar per se el ser eficaces en eso de “ayudarnos a adelgazar”. Ni la alcachofa, ni la cetona de frambuesa, ni la garcinia cambogia, ni el ojo de halcón, ni las pulseras o pendientes adelgazantes, ni la faseolamina, ni el vinagre de manzana, ni la capsaicina, ni el té verde, ni el café del mismo color, etcétera… han aportado pruebas concluyentes de resultar eficaces en estas cuestiones. Sí, ya sé que hay muchos, algunos incluso que no se han tocado en el blog, pero insisto: ninguno vale. Ninguno. Por algo se llaman productos milagro.

Pero hay peores noticias…

De todas formas lo peor de tomar cualquiera de estos suplementos adelgazantes no es que no hagan nada ni tampoco está en el hecho de dejarse una pasta (porque encima son bastante caros, y más teniendo en cuenta su nula efectividad)… lo peor es que su uso es, a la larga contraproducente para los intereses de las personas que se deciden en un momento utilizarlos. Y no me malinterpretes, porque si bien su efecto “metabólico” no ayuda adelgazar, tampoco estoy diciendo que a partir de ese mismo efecto hagan engordar.

Lo que sí que ocurre es que los usuarios que recurren a estas “soliuciones” obtienen de su subconsciente una respuesta “liberadora” que se traduce en una mayor indulgencia a la hora de realizar aquellas elecciones dietéticas menos indicadas para sus propósitos. Total, “yo ya me estoy cuidando con la pastilla… y por tanto me puedo permitir el exceso dietético” vendría a ser una forma de resumir el hecho.

Así, con la obtención de esa sensación liberadora los usuarios se relajen en el control de la ingesta porque para ello han hecho descansar en el producto milagro la consecución de los objetivos programados, es decir de adelgazar. Es una consecuencia psicológica subconsciente,  no intencionada que podría implicar a la larga la ganancia de peso. Justo lo contrario de lo que se persigue. Toma paradoja.

Digo lo que digo porque tal es como se ha puesto de relieve en un reciente estudio titulado The liberating effect of weight loss supplements on dietary control: a field experiment (El efecto liberador sobre el control dietético de los suplementos para perder peso: un experimento en contexto real). El estudio participaron 70 mujeres de entre 18 y 34 años que pretendían perder peso. Una vez separadas en dos grupos, a las del primer grupo se le aportó una pastilla informándoles de que era un placebo (es decir, haciéndoles saber que lo que les estaban dando no servía para nada o lo que es lo mismo “condición control de placebo conocido”) y a las del segundo se les dio la misma pastilla (es decir, también un placebo) pero informándoles de que era un verdadero suplemento para la pérdida de peso.  Dentro de la dinámica del estudio se les informó a las mujeres de ambos grupos que se les iba a premiar con un almuerzo tipo bufé libre… y los investigadores tomaron buena nota de cuáles fueron las reacciones de las mujeres de ambos grupos ante el fastuoso ágape.

Los resultados, los que de alguna forma ya te he contado:

Las mujeres que creían haber recibido un suplemento para perder peso real comieron significativamente más cantidad de alimentos y con un perfil nutricional menos saludable para sus intereses que aquellas que sabían que su pastilla no servía para nada porque para eso ya les habían informado previamente de ello.

En resumen, el uso de suplementos para perder peso, cualquiera, además de no haber demostrado servir para nada, sirve para que las personas que los usan depositen la confianza en el producto que toman para adelgazar. Por tanto, se aumentan las probabilidades de comer de más o peor (total… ya tienen su escudo frente a la ganancia de kilos… deben de pensar) retrasando en el tiempo las verdaderas soluciones que sí les llevarían a perder los kilos de más.

Si te ha gustado esta entrada quizá te interese consultar:

  • Cosas que has de saber antes de tomar un suplemento para adelgazar
  • El secreto de las dietas y productos milagro: decir lo que queremos oir
  • Productos y dietas milagro: mucha legislación, (casi) cero control
  • Cómo saltarse a la torera una normativa: la publicidad de productos, servicios… con pretendida finalidad sanitaria
  • Los productos milagro son abundantes y los ciudadanos no denunciamos
  • Suplementos y complementos dietéticos con sorpresa (y no precisamente agradable)
  • El “efecto halo” de los alimentos “saludables” (el efecto sacarina)

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Nota: Mi agradecimiento a la compañera Rosa María Espinosa por hacerme partícipe de esta información.

Imagen: iosphere vía freedigitalphotos.net

Manzana información nutricionalRonda por ahí una frase lapidaria que asevera que la información es poder. De ahí, supongo, que el 90% de los consumidores lea las etiquetas de los alimentos en el momento de la compra: un 65% afirma leerlas siempre y un 25% dependiendo del producto. Estos son los datos que se desprenden de un estudio llevado elaborado en el mes de marzo por Consumolab.

Nos gusta, digo yo, tener el poder… al menos de decidir si compramos o no un determinado alimento en virtud de la información que su fabricante nos hace llegar en su etiqueta.

Por esta razón y por el peligro que en cierta medida subyace de que nos den gato por liebre, la administración pública (en este caso principalmente la europea) se esfuerza para que esa información sea coherente, accesible y dé respuesta a las necesidades del consumidor. La última gran reforma referente al etiquetado de los alimentos entró en vigor el pasado mes de diciembre de la mano del  Reglamento Europeo 1169/2011 Sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, y te lo conté en esta entrada.

Lo cierto es que con el reglamento nuevo o sin él pocas cosas parece que han cambiado a ojos del consumidor medio tal y como pone de relieve el estudio mencionado que afirma que, al menos para el mes de marzo de este año, tan solo el 39% de los encuestados manifestó haber notado cambios en el etiquetado tras la entrada en vigor del RE 1169/2011… Espera, espera… Houston tenemos un problema:

¿No leía el etiquetado el 90% de los consumidores? Pues según esta confrontación de datos, cerca de un 51% de los consumidores que leen las etiquetas… las leen, pero por lo que se ve se enteran de bastante poco.

Para qué nos vamos a engañar, encontrar la información sensible que a cada uno le resulte relevante, poderla leer sin dificultad e interpretarla de la forma adecuada no es fácil y para buena parte de la población, desentrañar la información del etiquetado supone un auténtico galimatías… de hecho lo contrasto cada año con mis alumnos cuando, aun después de la correspondiente clase, no son pocos los que se siguen sin aclarar, sin encontrar la información o sin hacer una lectura ajustada tras la utilización de varias etiquetas comunes que podemos encontrar en cualquier supermercado. ¿Será que no nos enteramos de lo que está claro o que la norma sigue sin facilitar un etiquetado claro? Ahí lo dejo.

No obstante eso no quita para que nuestras autoridades sanitarias, en este caso a partir de la AECOSAN, se esfuercen para hacer llegar al consumidor las claves de un adecuado etiquetado, bien para que puedan acceder a él conociéndolo, bien para que ante cualquier irregularidad puedan tomar las medidas que estimen oportunas. En este sentido desde hace unos pocos días la AECOSAN ha puesto a disposición de los ciudadanos una web en la que explica qué puede y que no puede esperar el consumidor del etiquetado… siempre y cuando estemos ante un producto que en este sentido cumpla la actual legislación.

Así, bajo el título genérico de ‘El etiquetado cuenta mucho’ se despliegan una serie de contenidos que ponen en alza el valor de la nueva legislación e instruye al consumidor sobre la misma:

  • Ventajas del etiquetado
  • Información obligatoria
  • Información nutricional
  • La cuestión de las alergias e intolerancias
  • Novedades del actual etiquetado
  • Una selección de preguntas frecuentes y respuestas

Y a mí, en líneas generales me parece fenomenal. Ahora bien, puestos a hacer esta página informativa, me hubiera gustado encontrar un apartado en el que con toda la racionalidad del mundo se afrontaran nuevos retos, dudas a resolver en el futuro, asuntos pendientes, etcétera que tiene la actual legislación sobre etiquetado. Ojo que no estoy hablando de que se critique lo hasta ahora hecho, pero sí que en un ejercicio de honestidad bien entendida se aportara la perspectiva de nuestras autoridades al respecto de temas candentes en la materia. Uno de los más importantes, desde mi punto de vista es por ejemplo el tema de las grasas trans. Y es que mientras medio mundo civilizado está enfrascado en una guerra abierta para su prohibición (ojo, que no digo declaración de su presencia en el alimento) aquí y de momento, no existe obligación alguna de mencionarlas en el etiquetado.

Por último, otro de los aspectos que necesita un repasito, es el tema del control. Me refiero a que me parece muy bien que haya un cuerpo legal que apueste por unas determinadas obligaciones… pero hay que hacerlas cumplir. Y es que en el terreno del etiquetado se siguen viendo muchos disparates e incongruencias (antes y después de la entrada en vigor del mencionad RE 1169/2011). De poco sirve tener tanta ley si no se hace cumplir o si las sanciones no son ejemplarizantes. Parece que en esta tarea de denuncia sobre los desmanes en el etiquetado las que llevan el grueso de esta pesada tarea son las asociaciones de consumidores.

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Imagen: Stuart Miles vía freedigitalphotos.net

Lo reconozco, el nutricionismo es uno de mis caballos de batalla. Esta corriente puede también denominarse como nutriente-centrismo, expresión que deja más a las claras la ideología subyacente. Lo comenté de forma más o menos pormenorizada hace ya casi 3 años en este post y lejos de atenuarse va a más. Hablé de nuevo sobre el tema pasado un tiempo cuando el padre del término nutricionismo, Gyorgy Scrinis, publicó un libro en el que abordaba de forma monográfica sus implicaciones. Y como digo, cada día observo más consumidores víctimas de la fiebre ocasionada por esta ideología. Fíjate cómo deben de estar las cosas que aunque lentamente, ya se empiezan a realizar estudios al respecto. El último, bastante reciente, pone de relieve que la población atribuye a los nutrientes aislados (y no tanto a la comida que los pudiera contener) un factor protector frente a las enfermedades crónicas.

Naranja y vitamina C

Antes de continuar, y para todos aquellos que no estén al corriente creo necesario aportar una mínima descripción de lo que se entiende por nutricionismo. En realidad es algo muy fácil de comprender, se trataría de hace descansar en los nutrientes aislados virtudes generales sobre la salud independientemente de la matriz alimentaria (o suplementaria) en la que estén incluidos. Su práctica se pondría de relieve en aquellas personas que, por ejemplo, deciden tomar un suplemento de ácido fólico en vez de incluir en su minuta diaria suficientes alimentos de origen vegetal que a buen seguro incluirán esta vitamina. O bien, cuando se consume una bebida láctea enriquecida con omega tres en vez de consumir con la adecuada frecuencia pescado en la dieta. Si cada día el nutricionismo está más de moda… o si condiciona la conducta de los consumidores, queda bastante de manifiesto cuando nos damos un paseo por los pasillos de un supermercado, o cuando vemos los anuncios de productos alimenticios y de suplementos en la televisión. Lo cierto es que es que hay una oferta infinita de este tipo de productos enriquecidos en lo que sea. Y si esa oferta que es infinita viene produciéndose desde al menos una década larga, es porque la demanda, tristemente, también es infinita.

Así lo ha puesto de relieve como te decía un reciente estudio: Nutrient-centrism and perceived risk of chronic disease (El nutriente-centrismo y la percepción de riesgo de padecer enfermedades crónicas). En él, 114 estudiantes de psicología han sido objeto de estudio y se contrastó que para ellos la descripción de una dieta en términos de nutrientes (mencionar los nutrientes que contenía una dieta dada) era percibido como un elemento más beneficioso para la reducción del riesgo de sufrir determinadas enfermedades (diabetes, patologías cardiacas, etcétera) que cuando la misma dieta se describía mencionando los alimentos “naturales” que la componían. Creo que está bastante claro, pero voy a poner un ejemplo.

De igual forma que decir que nuestras cañerías están llenas de monóxido de dihidrógeno puede tener connotaciones negativas para muchas personas (a pesar de que es lo mismo que decir que nuestras cañerías están llenas de agua); en este estudio se puso de relieve que para esta muestra el decir que alguien sigue una dieta alta en magnesio tiene más virtudes protectoras que si le dices que lo que tiene es una dieta alta en espinacas… Es decir, nutricionismo galopante.

Lo cual, además de ser un error, supone un importante peligro ya que desde hace bastantes años la industria alimentaria nos está bombardeando con alegaciones presuntamente saludables (mencionando dichos nutrientes) en productos con un perfil nutricional francamente nefasto. De esta forma, no pocos consumidores prefieren (por que lo perciben como mejor) las salutíferas alegaciones que pueda incluir la publicidad de unas salchichas de frankfurt “ricas en proteínas y fósforo”, que el anodino aspecto de un huevo pasado por agua… que, no es por nada y desde el más estricto punto de vista nutricional, le da bastantes vueltas a las mencionadas salchichas.

Si te ha gustado esta entrada quizá te interese consultar:

  • Un vaso de leche caliente ayuda a dormir, y un bocata de panceta igual o más
  • Maldito nutricionismo
  • El padre del nutricionismo, por fin, escribe un libro sobre el tema
  • Así no hay quien haga carrera (relato corto y bananero)
  • “Fuente de Omega-3”… entre el pitorreo de la industria y la legislación
  • Sellos y logos “científicos” en los alimentos: ¿avalan o avisan?
  • La sonrisa cítrica: sobre mandarinas, naranjas, clementinas y demás
  • El sueño de Robert: no alimentarse, pero sí nutrirse
  • Otra vez proteínas y fósforo… y medias verdades embutidas y mal atadas

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Nota: Una vez más, agradezco a Marc Casañas (@Firefly_fan) sus aportaciones para este artículo.

Imagen: Maggie Smith vía freedigitalphotos.net

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