manzana ecológica 2Este debate no es novedad, lo sé, pero cada vez que la realidad me pone frente a él me llevan los demonios. Se trata como te puedes imaginar de poder adquirir diversos productos con el sello de “ecológico” cuando su origen o lugar de producción está a cientos cuando no a miles o decenas de miles de kilómetros de distancia. Esto es lo que me pasó el otro día al entrar en mi “súper de conveniencia” (el más próximo a mi domicilio) y contrastar la existencia de unas manzanas ecológicas (con todos los diplomas pertinentes) provenientes de Italia. La distancia, tristemente, ya no es novedad, otros productos de ese supermercado también lucen su lugar de origen y se remonta a países tan exóticos como Sudáfrica, Perú, Marruecos, Chile, pero en estos otros casos o no eran un producto perecedero (estoy recordando una soja ecológica de Chile) o no eran ecológicos (por ejemplo, el caso de las hortalizas y frutas americanas y africanas es habitual, por mucho que en España estemos en plena temporada de esos mismos productos). Pero esto es radicalmente nuevo en mi supermercado: producto ecológico, perecedero y lejano. Una contradicción. Un sinsentido. Una pena. Y las tres, legales.

¿Cómo se supone que han llegado esas manzanas ecológicas producidas en lejanas tierras a instalarse en nuestro supermercado o tienda ecológica? Ya sabemos que esos productos, en pro del “ecologismo” (uso de comillas obligado), han sido producidos sin utilizar “químicos” o determinados fertilizantes o plaguicidas (en el reglamento pone sin que sean “de síntesis”, pero con una boca más ancha que la del metro) pero… ¿acaso hemos de suponer que los camiones que las trasportan funcionan con besos y abrazos? (la irónica propuesta no es mía, es de Antonio Foncubierta, pero tiene más razón que un santo)

Esos camiones, barcos, aviones o lo que sea que las trajo hasta nuestros supermercados para contentar a un consumidor (pijo donde los haya o sin el menor asomo de verdadera conciencia ecológica) sabes muy bien con qué funcionan. Al así hacerlo deja aquello que se conoce como huella ecológica y que en estos casos se mide, entre otras variables, por la cantidad de combustible fósil y de agua que ha sido preciso consumir para hacer llegar ese producto hasta el consumidor final.

¿No sería más ecológico además de más lógico a secas el consumir en este caso manzanas producidas en el entorno próximo? Recordemos que además, en las fechas que corren, las manzanas en nuestra zona están de rabiosa actualidad, perdón… de temporada. De hecho algunos productores de productos ecológicos (Francisco José Acedo entre ellos, @Errolbabash) están que trinan con esta perversión legal de lo “ecológico”.

¿Acaso tienes un miedo cerval a la hora de consumir esas “peligrosas” sustancias químicas presentes en las manzanas de producción convencional? ¿Te asusta el menoscabo que sobre tú salud se puede originar al comerlas? Tres cosas te diré:

  • Puedes lavarlas antes de comértelas,
  • Si aun así no te fías, puedes pelarlas y, en cualquiera de los casos,
  • Has de saber que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria tras un exhaustivo análisis se ha pronunciado en un informe a cerca del peligro que supone la presunta presencia de plaguicidas, y el 98,1% de las muestras analizadas estaba está dentro de los límites permitidos. Es decir, a largo plazo y en el 99% de los casos, cualquier temor sobre este tema es infundado… y a corto plazo habría que comer cantidades ingentes de esos alimentos con niveles por encima como para que pudiera apreciarse. (A este respecto te sugiero que le eches un vistazo al análisis que hace Jose Manuel López Nicolás en su recomendable blog, Scientia)

Yo lo tengo claro y en la práctica me he autoimpuesto un par de normas antes de poner un alimento sobre mi mesa:

  • La primera: Ceñirme habitualmente a la producción nacional de la mayor parte de lo que consumo. Además, si un producto en particular puede tener dos o más posibles orígenes, elegir el más próximo haciendo un balance entre esta variable, el precio y su calidad.
  • La segunda: Adquirir solo aquellos productos que están de temporada.

Esta y no otra es, así por encima, mi conciencia ecológica sobre estos temas.

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Imagen: @juan_revenga

Taparse los ojosTan solo una cuarta parte de los niños y adolescentes que tienen sobrepeso, así como solo una quinta de los padres de esos niños y adolescentes son capaces de valorar adecuadamente el peso de sus hijos. Dicho al revés, cerca del 75% de los implicados con sobrepeso y el 80% de sus respectivos padres son incapaces de percibir su verdadera situación ponderal cuando se padece sobrepeso. Unas cifras que se suavizan, aunque no lo deseable, en el caso de niños con obesidad.

Esta fue una de las conclusiones más relevantes de un estudio de seguimiento recientemente publicado por el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades Estadounidense recientemente publicado.

Pero no fueron las únicas. Otras de las conclusiones importantes y que ponen de relieve la relevancia de estar objetivamente al tanto del peso de cada uno como del de nuestros hijos radica en saber que la adopción de medidas para controlar ese exceso de peso es casi cuatro veces más probable cuando se hace una estimación acertada que cuando se está equivocado. Es decir, tanto hijos como padres se ponen manos a la obra para tratar de atajar esa situación cuando la evaluación del peso es acertada. Es algo lógico por otra parte que el aporte de soluciones sea más elevado cuando se tiene constancia de la existencia de un problema y no antes.

Al final, con una muestra de cerca de 2.600 participantes se obtuvieron los siguientes resultados en cuanto a la autopercepción del peso y la percibida por los padres según los sujetos en cuestión tuvieran un peso adecuado, tuvieran sobrepeso y obesidad.

Malinterpretación del peso de los hijos

Habrá quien piense que estos resultados no son extrapolables a España, y no seré yo quien le saque de su error ni tampoco el que le diga que está en lo cierto ya que no hay estudios similares realizados en España (o yo no los conozco). Sin embargo, este error en la valoración ponderal de los hijos cuando estos presentan un exceso de peso se ha contrastado en otros estudios cuando los participantes son de otras nacionalidades, por ejemplo, este de aquí en Alemania, o este otro en Finlandia… y no se me ocurren las razones por las que en España este tema fuera distinto. Más al contrario, y siendo como somos uno de los países europeos líderes en obesidad infanto-juvenil, todo apunta a que los resultados irán por el mismo camino. En lo personal desconozco las razones últimas de esta mala interpretación del peso propio por parte de lo chavales o por parte de los padres, pero entre la “estrategia de la avestruz”, la pereza ante las consecuencias de realizarla de forma adecuada y la vergüenza de verse reflejado uno mismo en la misma situación pueden ser parte de las claves lógicas que expliquen esta situación.

Con esta realidad en el horizonte es preciso darse cuenta que de poco o nada sirven todos aquellos esfuerzos encaminados a reducir la obesidad infantil si los propios implicados no se reconocen a sí mismos como portadores del problema. Y es que tal y como menciona Julio Basulto en este post ad hoc, hay muchos padres, y en especial muchas madres, que consideran normal… e incluso deseable que sus hijos estén “fornidos” o “rellenitos”.

El primer paso para aportar una solución es reconocer tener un problema… y así, en este terreno vamos muy mal.

Valorar de forma adecuada el peso de los hijos facilita tomar las medidas oportunas.

Si te ha gustado esta entrada quizá te interese consultar:

  • No ponga a su hijo a dieta. Mejore su estilo de vida
  • Los convincentes deseos de Jamie Oliver sobre obesidad infantil
  • “Más allá del peso”, el mejor documental que he visto sobre obesidad infantil
  • Bebés, proteínas, leches y obesidad
  • Obesidad y más en dibujos animados
  • ¿Cuánto darías por poder rebobinar el futuro dietético de tus hijos?

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Imagen: Personal and Parental Weight Misperception and Self-Reported Attempted Weight Loss in US Children and Adolescents, National Health and Nutrition Examination Survey, 2007–2008 and 2009–2010 vía CDC y sippakorn vía freedigitalphotos.net

Almendras

Recientemente he sido conocedor de una nueva tendencia nutricional consistente en “activar” los frutos secos antes de comerlos y obtener con está práctica una serie de beneficios.

Al menos se trata de una recomendación nueva para mí y que por lo que he podido comprobar está especialmente asociada a los ritos las prácticas de la alimentación alternativa (ya sabes ese tipo de “alimentación” que se encargan de popularizar  Gwyneth Paltrow y otros especímenes afines). Si bien es cierto que el respaldo que tiene esta práctica con respecto a sus beneficios es prácticamente inexistente, hay que reconocer que algo hay que rascar, muy poco, en esta “activación”. No obstante, antes de que lancemos las campanas al vuelo y de que te desesperes buscando el interruptor de cada almendra veamos qué es eso de la activación de los frutos secos, muchas veces asociado a las almendras en particular.

¿Qué se supone que es la activación de los frutos secos?

Según sus defensores y promotores consiste en someter los frutos secos a un remojo en agua durante un tiempo variable. Digo variable porque entre los que promueven este tipo de prácticas no se ponen de acuerdo, llegando a variar entre las 2-3 horas y las 24. En la temperatura del líquido elemento tampoco hay unanimidad, mientras unos dicen que caliente, otros que “del tiempo” (¿del de Suecia o del de Marruecos?), otros que guardarlas en el frigorífico… y así, en fin, obtener una serie de beneficios nutricionales que de otra forma no se obtendrían. Es aquí, precisamente en el punto de los pretendidos beneficios, cuando llega el desmadre buenrollista. Para una buena parte de los defensores (hay cientos o miles de páginas en internet que te hablan de ello) se consigue:

  • Eliminar o reducir el ácido fítico;
  • Eliminar o reducir los taninos;
  • Neutralizar los inhibidores enzimáticos;
  • Promover la producción de enzimas beneficiosas;
  • Aumentar el contenido vitamínico, especialmente el de las vitaminas del grupo B;
  • Descomponer el gluten y hacer más fácil la digestión;
  • Hacer que las proteínas sean más fácilmente absorbibles;
  • Evitar deficiencias minerales y la pérdida ósea;
  • Ayudar a neutralizar las toxinas en el colon para mantener el colon limpio;
  • Prevenir muchas enfermedades y condicionantes negativos de salud.

¿Qué buen rollo, no? Pues no.

Lejos de semejantes planteamientos lo único sobre lo que se sospecha a ciencia cierta que se obtiene como beneficioso es el punto uno. Nunca una eliminación y sí una reducción de la presencia de ácido fítico. Un compuesto que en cierta medida tiene la categoría de antinutriente de forma que, estando presente en una determinada ingesta puede dificultar la absorción de algunos minerales, en este caso y hablando de frutos secos, principalmente del calcio, del hierro, zinc… No obstante, este mismo ácido fítico también tiene su vertiente positiva, y no poca, sobre la salud, así que cuidadín con las demonizaciones descontextualizadas.

En el “mundo real”, la “activación” de semillas sí tiene una justificación más que contrastada en el terreno de la botánica y de la producción agraria, pero no tanto, o más bien nada en absoluto, en el de la nutrición.  Además, dicha “activación”, la real, la buena… requiere de condiciones cambiantes (tiempo, humedad, temperatura) en virtud de la semilla que se pretenda activar. Para más señas te sugiero que le eches un vistazo a este post “¿Es mejor comer pre-remojados los frutos secos?” de Inés Alonso en su muy recomendable blog ¿Sabemos lo que comemos?

¿Estás seguro de lo que dices, tienes pruebas?

La mejor de ellas, tengo la prueba en boca de quien se dedica a producir y distribuir almendras, en concreto de uno de los mayores productores mundiales, el Almond Board of Australia o Consejo de la almendra australiana (en España la “mesa de productores de frutos secos” no se ha pronunciado a este respecto) quien en este documento afirma que “quienes creen” en esto de la activación de las almendras lo hacen sin ningún respaldo científico ya que no hay publicaciones serias (y creo que de las otras tampoco) en las que se pongan de relieve tales prodigios activadores. Sin embargo, afirma que la venta de “almendras activadas” es un hecho y que por ser un proceso relativamente caro que encarece el precio final del producto sugiere que te las actives tú en casa. Y, ¡oído al parche! en esta activación almendrera se incluye como ya hemos visto el remojo… pero después también una deshidratación.

Por mi parte, y después de haberle dedicado un tiempo a la búsqueda en un sentido u otro de los posibles beneficios de la activación de los frutos secos no he encontrado nada serio (pero nada de nada) y sí mucha palabrería sin fundamento.

Entonces, ¿qué hago, las “activo” o no?

Mi consejo es que no, salvo que seas un seguidor de este tipo de rituales sin mayor fundamento y tu tranquilidad mental espiritual dependa de ello. Incluir una adecuada cantidad de frutos secos en nuestra alimentación cotidiana (en su justa medida) es, en líneas generales, una sana recomendación en el marco de muchas otras. Tu balance mineral, dependerá de muchas otras circunstancias más que allá de que estén “activados” o no. Al final, preocuparse por estas cuestiones tiene el mismo sentido que inquietarse por llevar la bragueta abierta mientras te precipitas desde lo alto de un rascacielos (menudas preocupaciones tienen algunos).

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Nota: Quiero agradecer la iniciativa y aportaciones de Luis Almagro (@drluisalmagro ), de Pablo Zumaquero  (@pzjarana)y de Inés Alonso (@inalma) para la redacción de este post.

Imagen:  lobster20 vía freedigitalphotos.net

QuímicaID-10048660

Hoy os traigo un video sencillito en el que se ponen de relieve los posibles distintos orígenes de los contaminantes químicos en los alimentos. Como podrás comprobar no todos los contaminantes químicos proceden de su adición “artificial” ya que algunos de ellos pueden ser “naturales”. ¿Contaminantes químicos naturales? Pues sí, a ver si de alguna forma se puede ayudar a que algunas personas cuestionen su posicionamiento cuando consideran que todo lo “químico” en los alimentos procede de la ingerencia humana o que todo lo “natural” es bueno per se.

Empezando porque todo es química, al menos aquello que goza de materia, y que por tanto, por mucho que consideramos un alimento como “intacto” y “natural” habremos de atribuirle una química consustancial (¿te acuerdas?) y acabando porque hay otra serie de “químicos” que con muy diverso origen pueden acabar en el alimento.

Si, ya sé, cuando las personas se refieren a los “químicos en los alimentos” se refieren a aquellos productos que se le adicionan con el fin de promover su crecimiento, de evitar ser el punto de mira de una plaga cualquiera, etcétera. Pero sin embargo, hay muchas otras sustancias químicas que no son añadidas artificial ni voluntariamente en principio en un alimento determinado y que sin embargo pueden aparecer de forma completamente “natural” en los mismos, y por supuesto considerarse “contaminantes”. Por eso, tratando de hacer un resumen categorizado de la cuestión química en los alimentos traigo este video para que una experta de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) nos lo explique de primera mano.

Además de interesante, acertada y breve presentación no sé si te has dado cuenta, pero este es de los pocos vídeos que a día de hoy pueden descargarse legalmente desde youtube, evidentemente con fines didácticos.

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Imagen: digitalart vía freedigitalphotos.net

Raising Healthy Children: Maragret ChanQue uno diga en este blog que las políticas de salud de los principales gobiernos del mundo se hallan mediatizadas y confeccionadas en base y en cierta medida por los intereses crematísticos de la potente industria alimentaria… puede ser tomado a pitorreo o incluso considerarse que el bloguero en cuestión, o sea, un servidor, ha caído en el más burdo de los planteamientos conspiranoicos. Lo tengo asumido.

Sin embargo, que lo diga públicamente la Directora General de la Organización Mundial de la Salud, la Dra. Margaret Chan, y que no le tiemble el pulso a la hora de explicar con pelos y señales esta acusación, es probable que cambie sustancialmente la forma en la que se interprete el mismo mensaje.

Sí, has leído bien, la OMS acusa a la industria alimentaria de intervenir de forma importante y negativa en las políticas de salud de muchos gobiernos. Y a los gobiernos de dejarse hacer. Hace poco más de un año, en el discurso de apertura de la 8 ª Conferencia Mundial de Promoción de la Salud de 2013 que protagonizó esta valiente mujer, señaló con su dedo acusador y sin el más mínimo asomo de duda a la industria alimentaria y a las administraciones de buena parte de los gobiernos de tergiversar las políticas de salud dirigidas a la población general en beneficio propio. La primera, la industria, para aumentar las ventas de sus negocios y los segundos, los gobiernos, dejándose “untar” (consciente o inconscientemente). Así, las políticas de salud que se publican están formuladas en cierta medida en base a los intereses, nada loables, de cada uno: la industria y las administraciones… todos salen beneficiados. Todos menos uno, el sujeto pasivo de la película que al mismo tiempo es el actor principal, es decir, la ciudadanía sobre la que se dirigen esas políticas.

¿No me crees? No te culpo, si a mí antes de leer el discurso al que me refiero en la misma página oficial de la OMS, me lo hubieran contado, tampoco me lo hubiera creído. Para que seas tú mismo quien pueda juzgarlo, puedes encontrar el discurso íntegro en este enlace. Me he tomado la libertad de hacer una traducción libre de parte de su mensaje (no soy traductor oficial) para que se entienda mejor tratando de mantener al máximo su literalidad y contexto. Estas son algunas de las verdades que lanzó Margaret Chan a la cara de la industria alimentaria y a la de aquellos gobiernos que retuercen los programas públicos de salud a su antojo. Por lo que deja entrever de sus palabras, no se trata de unos pocos gobiernos, ni unas pocas empresas, sino que más al contrario, se trata de algo bastante habitual:

[…] En la actualidad las campañas de promoción de estilos de vida saludables y la adopción de conductas para alcanzarlos se encuentran con la oposición de fuerzas que distan mucho de ser “amables”. Más bien, todo lo contrario.

El esfuerzo público dirigido a prevenir las enfermedades no transmisibles [tras hacer una especial alusión a la obesidad, la diabetes y el cáncer] se enfrenta a intereses comerciales de poderosos agentes económicos. En mi opinión, este es uno de los mayores retos a los que se enfrentan las campañas de promoción de la salud.

Tal y como pone de manifiesto la publicación que resume esta conferencia [ver al completo en este enlace] no solo se trata del problema observado en otro tiempo con las grandes tabacaleras (Big Tobacco). Ahora, la Salud Pública tiene que lidiar también con otras industrias en los mismos términos que entonces; se trata de la “Big Food”, “Big Soda” y “Big Alcohol”. Son estas industrias las que en este momento temen una regulación de sus productos por parte de las administraciones sanitarias y las que están recurriendo a las mismas tácticas que antaño puso en práctica la industria tabacalera.

El pasado reciente aporta pruebas suficientes para documentar que estas tácticas por parte de la industria alimentaria ya se han puesto en marcha. Entre ellas, se incluyen la creación de empresas dentro del mismo grupo con una “cara amable”, la creación de grupos de presión [lobby], el realizar promesas de autorregulación, el interponer demandas y el financiar estudios de investigación que lo que consiguen es tergiversar la evidencia y confundir al ciudadano.

Además, este tipo de tácticas también incluye la realización de donaciones, regalos y contribuciones relacionados con causas nobles, o bien vistas por parte de la comunidad, de forma que estas industrias terminan siendo percibidas como corporaciones respetables tanto a los ojos de la ciudadanía como ante los de la clase política. Entre sus estrategias destacan también el hacer descansar la responsabilidad de una mala salud en cada persona, individualmente; así como pretender hacer creer que las acciones de los gobiernos por regular estas cuestiones no son otra cosa sino una forma más de interferir en la libertad personal de cada cual y su derecho a elegir libremente.

La oposición ejercida es de una magnitud formidable. Ya que un amplio poder en los mercados se traduce en poco tiempo en poder político, son pocos los gobiernos que han priorizado las cuestiones de salud frente a los grandes negocios. Tal y como hemos aprendido de experiencias anteriores, como con la del tabaco, cuando una corporación poderosa se lo propone, puede vender casi cualquier cosa a la población.

Déjenme recordarles una cosa. Ni un solo país del mundo ha conseguido darle la vuelta a la epidemia de obesidad en todos los grupos de edad. Esta realidad no es consecuencia de una falta de voluntad individual. Es consecuencia de la ausencia de voluntad política a la hora de meter mano en este gran negocio.

Estoy profundamente preocupada por dos actuales tendencias:

La primera implica la posibilidad de que la industria y las administraciones lleguen a acuerdos “comerciales” fruto de las denuncias de la primera sobre las segundas. En la actualidad, algunos de los gobiernos que han establecido medidas para proteger la salud de sus ciudadanos están siendo llevados a los tribunales por parte de la industria. Y esto es peligroso.

La segunda se refiere al interés que pone la industria para moldear las políticas de Salud Pública, en especial aquellas medidas que afectan a sus productos. Si una industria está involucrada en la formulación de políticas de Salud Pública, tengan la seguridad de que aquellas medidas más eficaces serán o bien minimizadas o bien apartadas en su totalidad. Esta tendencia también está bien documentada y es así mismo peligrosa.

Gracias.

Dinero

Palabra de Margaret Chan actual Directora General de la OMS (inició su mandato en 2012 y se prevé dure hasta 2017).

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? A mí muy bien por una parte… y muy mal por otra. Bien porque no son habituales las personalidades de este tipo que se atreven a hablar sin pelos en la lengua, o que tras haberlo hecho permanezcan más de una semana en su puesto… y de esto hace poco más de un año.

Y mal por lo mismo, porque fue hace más de un año, y algunos gobiernos que tenemos muy (pero que muy) cerca no se han debido leer todavía este discurso… o si lo han hecho aun están por el suelo mondándose de risa (lo que aun es peor).

Si te ha gustado esta entrada no dejes de consultar:

  • Plan HAVISA: curioso plan para promocionar hábitos de vida saludables
  • “Más allá del peso”, el mejor documental que he visto sobre obesidad infantil
  • ¿Puede la compañía Coca-Cola ayudar a combatir la obesidad?
  • No habrá regulación de las bebidas azucaradas XXL por ser una medida discriminatoria
  • ‘Mediterraneamos’: inspirando a los jóvenes en la dieta mediterránea
  • ¿Los fast-patrocinadores fuera de las olimpiadas?
  • Concretar visualmente la cantidad de azúcar podría reducir la atracción por las bebidas azucaradas
  • La industria alimentaria: maldita o bendita
  • Dietética sin patrocinadores
  • I Foro Dietética y Nutrición: para todos y sin industria
  • Sellos y logos “científicos” en los alimentos: ¿avalan o avisan?

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Post data: por vez primera en la existencia de este blog te invito a que por favor difundas esta información de la mejor forma que puedas. Creo que atañe a cuestiones que nos conciernen a todos y sobre las que en cierta medida vivimos con una venda en los ojos. Venda fabricada por la industria y anudada a nuestra cabeza por las administraciones. O al revés.

Nota: Apenas hace tres días que fui conocedor de este demoledor discurso en el blog “Comer o no comer” cuando Julio Basulto se hacía eco de él. No suelo publicar artículos que tengan como tema central uno recientemente publicado en blogs “afines”, pero por lo anteriormente dicho en la post data con este hago una excepción habida cuenta de la impresión que causaron en mí estas palabras y la necesidad que creo debiera de existir en darlas a conocer.

Imagenes: World Economic Forum vía Wikimedia Commons y Ambro vía freedigitalphotos.net

Limpiar ensalada 2Inicié la semana pasada poniendo de relieve el sinsentido que a mi juicio supone traer hasta nuestros supermercados (o tiendas especializadas) productos con el sello de ecológicos y que al mismo tiempo fueran “made in muy lejos”, es decir, con una producción muy alejada del punto de venta.

Una de entre las muchas razones por las que alguien puede decantarse por el consumo de alimentos ecológicos es la de evitar los pesticidas “de síntesis” presentes en los productos de la agricultura convencional (que por otra parte están dentro de los márgenes permitidos en su más amplia mayoría). Sin entrar a valorar las decisiones de cada cual, creo que sería conveniente el saber que un adecuado lavado, así como la aplicación de diversas tecnologías culinarias reduce, cuando no elimina, la posible carga de los famosos pesticidas (ya estén presentes en los productos ecológicos o en los convencionales). Unas prácticas, las del lavado y demás, que por otra parte se han realizado toda la santa vida con independencia del origen del producto vegetal. Es decir, lavar, pelar y cocinar en su caso son estrategias que sirven de forma eficaz para librarse o minimizar todos aquellos elementos contaminantes presentes en los alimentos vegetales. Veamos cómo debe de realizarse.

Consejos previos

  • Compra productos de cercanía: Reducir el tiempo de transporte y la distancia puede ayudar a limitar las posibilidades tanto de contaminación como de proliferación bacteriana.
  • Adquiere cantidades de alimentos acordes con tú capacidad, y la de los tuyos, para consumirlos sin que estos se pongan pochos. Los productos vegetales frescos suelen tener una vida media bastante limitada si los comparamos con otros productos procesados.
  • Si no vas a consumir los alimentos de forma inmediata y antes de guardarlos, es mejor que les apliques una limpieza superficial en seco, quitando los posibles restos de tierra, frotándolos, etcétera que lavarlos con agua. La humedad y por ende el agua facilita el crecimiento bacteriano y puede acelerar el deterioro de este tipo de alimentos. Es mejor por tanto lavarlos de forma inmediata al momento de su consumo. No obstante, si te decides a lavarlos con agua antes de guardarlos preocúpate también de que antes queden bien secos.
  • También antes de guardarlos, conviene revisar la existencia de hojas más deterioradas o pochas, y retirarlas en su caso, en productos como la lechuga, el apio, la col de hoja (berza), la acelga, la borraja… en general en cualquier tipo de verdura u hortaliza de hoja.

Manos a la obra (en general)

  • Limpia comenzando limpio. Para manipular cualquier alimento es muy recomendable, por no decir obligatorio, que lo hagas con las manos bien limpias, además de utilizar una superficie de trabajo y menaje también limpios.
  • Lava incluso si vas a pelar el producto (pepino, fruta, etcétera). Esto ha de hacerse así ya que el cuchillo o la hoja del pelador al llevar a cabo esta acción entra en contacto con la piel “contaminada” y puede dejar restos de esa contaminación (química o bacteriana) en la pulpa ya pelada. La única excepción que se me ocurre, más o menos lógica es la del plátano.
  • Lavar de forma adecuada bajo el chorro de agua corriente no “esteriliza” los alimentos (no garantiza la completa eliminación de todos los micoorganismos) pero si ha demostrado ser una medida eficaz para reducir de forma importante su presencia así como para reducir también los posibles pesticidas.
  • No dejes que el jabón ni los detergentes entren en contacto con los alimentos. El lavado de estos productos se debe realizar con agua, de forma concienzuda si fuera necesario, lo que incluye, si es el caso, el frotarlos con un cepillo suave o trapo limpio.

Sobre el uso (no recomendado) de productos específicos “higienizadores” o “limpiadores”

No hay un consenso sobre el uso de productos especialmente diseñados para lavar los vegetales (normalmente a base de hipoclorito sódico –lejía- de uso alimentario). Es más, en este sentido la única recomendación “no comercial” que he encontrado de un organismo sanitario, en este caso la FDA, recomienda no hacer uso de este tipo de productos ya que la seguridad de sus residuos no ha sido evaluada y su eficacia tampoco ha sido probada ni estandarizada de forma independiente.

En el próximo capítulo se abordarán cuestiones concretas en virtud de las características particulares de los distintos alimentos de origen vegetal. Al mismo tiempo se dará respuesta a la pregunta si verdaderamente hay pruebas que demuestren la utilidad del agua (u otros elementos) en la eliminación de pesticidas. Continuará…

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Imagen: Dino De Luca vía freedigitalphotos.net

Lavar ensalada

Tal y como se vio en el capítulo anterior hay una serie de ideas previas, unas generalidades, a tener en cuenta a la hora de limpiar los productos vegetales que vamos a terminar ingiriendo bien sea para reducir o eliminar la cantidad de pesticidas presentes en ellos, bien su posible carga microbiana. Es momento ahora de entrar más en detalle y también de responder a la pregunta de si lavar solo con agua (la del grifo) es verdaderamente eficaz en algún sentido ya que no pocas personas sostienen que no sirve para nada.

Manos a la obra (en detalle)

  • Vegetales de hoja: lava separadamente y de forma individual las hojas de lechuga y otras verduras bajo el chorro de agua corriente. Desecha las hojas exteriores si están feas y pochas. La inmersión previa de las hojas durante unos minutos en un recipiente con agua fría puede facilitar el ablandamiento de tierra y suciedad si están presentes. Seca con papel de cocina o usa un “centrifugador de verduras” para eliminar el exceso de humedad. No recuerdo a quién oí decir una vez que el agua en una ensalada es el peor de los asesinos para la misma (desde el punto de vista de los sentidos, claro, además de que con agua presente será verdaderamente difícil aliñar en condiciones una ensalada)
  • Raíces y tubérculos (patatas, zanahorias, rábanos…): enjuagarlos en agua, pelarlos (si procede), lavarlos concienzudamente bajo el agua corriente y luego secar.
  • Vegetales con “recovecos” y frágiles al mismo tiempo (coliflor, brócoli…): Sumergir en agua durante 1 a 2 minutos, enjuagar bajo el chorro de agua corriente y secar
  • Manzanas, pepinos, peras y otros vegetales de consistencia firme: lavarlos directamente bajo el agua (se vayan a pelar posteriormente o no, ver post anterior), frotar con un cepillo suave si fuera necesario y secar.
  • Melones y sandías: aunque está claro que no nos vamos a comer la piel, son productos que crecen en contacto con la tierra, con lo cual conviene lavar y frotar su superficie (antes de abrirlos) con agua y luego secar. A la hora de cortarlos utilizar un cuchillo diferente para separar la pulpa de las “tajadas” de aquel que se ha utilizado para obtenerlas del fruto.
  • Frutas más o menos blandas (uvas, cerezas, ciruelas, moras…): no lavar hasta el momento de su consumo, antes de guardarlas revisar y desechar aquellos granos o ejemplares mohosos o en mal estado (podrían afectar al resto). Momentos antes de consumirlos sumergir en agua y posteriormente enjuagar en agua corriente.
  • Setas: limpiar con un cepillo suave o papel de cocina húmedo… en algunos casos, hay que reconocerlo es una tarea tediosa donde las haya.

 ¿Da igual lavar que no lavar, los pesticidas van a seguir ahí? No

Algunos estudios han observado la cuestión relativa a la efectividad de lavar (con agua) los vegetales antes de su consumo con el fin de contrastar la eficacia de esta práctica a fin de reducir el contenido original de pesticidas, y han hallado que, en contra de lo que algunos sostienen, es una medida muy recomendable.

Eso con el lavado sin más… si además tenemos en cuenta otros procesos culinarios que con frecuencia se aplican a este tipo de productos (aquellos que no se coman crudos) como el escaldado, hervido, salteado, horneado…, amén del pelado previo; la reducción en la presencia de pesticidas es más que significativa. Esto es lo que se desprende del artículo Effects of food processing on pesticide residues in fruits and vegetables: a meta-analysis approach (Consecuencias del procesado de frutas y verduras en la cantidad de pesticidas: una aproximación mediante meta-análisis).

El beneficio de lavar los vegetales para reducir la carga de pesticidas (aunque esta esté dentro de los niveles seguros) lo podemos contrastar en otros estudios, como este de aquí. En otros casos, sin hacer de menos a la práctica de lavar los vegetales sencillamente con agua de grifo, como en este otro estudio, se propone obtener un mejor resultado utilizando bien agua salada o bien agua con algún tipo de detergente. A este respecto, habrá que considerar los usos que posteriormente se le van a dar a esos alimentos y el riesgo de que al mismo tiempo queden residuos de ese detergente en el alimento. Por lo tanto, en lo que a mí respecta, y teniendo en cuenta que las escasas recomendaciones de organismos públicos en este sentido apuntan hacia el no uso de productos específicos más allá del agua corriente para limpiar los alimentos vegetales, mi consejo es que se mantenga en cuarentena la recomendación de este último estudio mencionado. Al menos hasta que exista una evidencia clara del balance entre el riesgo y beneficio de su uso.

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Nota: Quiero agradecer a Pablo Zumaquero (@pzjarana) sus aportaciones para este post, así como a un lector que me trasladó sus dudas para confeccionarlo.

Imagen:  winnond vía freedigitalphotos.net

Hadas-magia

Pues eso, cuando uno creía que ya estaba escarmentado y que nada más disparatado que aquello que ya conoce, y que no es poco, aparece en el rutilante negocio en la industria del adelgazamiento el enésimo cuento adelgazante. Se llama NIDORA® y desconozco el origen de su nombre.

¿Qué es NIDORA®?

Según la página web original que lo promociona…

“NIDORA® es un sistema para perder peso creado por un profesional de medicina y clínicamente probado”

Su sistema de funcionamiento no puede ser más sencillo, de nuevo según sus promotores,

Espolvoree NIDORA® en su comida y comerá menos, se sentirá lleno más rápidamente y perderá peso de manera natural.

Es decir, nos pretenden hacer creer que se trata de unos “polvos” que esparcidos generosamente a modo de salero por encima de aquello que se vaya a comer se genera en el comensal una más rápida activación del control del apetito, de forma que se termina comiendo mucho menos que si no se usaran estos “polvos mágicos”. Vaya, que han descubierto, como muchos otros, la piedra filosofal del tratamiento adelgazante y nosotros sin enterarnos. Bueno, sin enterarnos por los canales ortodoxos sobre este tipo de descubrimientos con incalculables dimensiones prácticas… de ser cierto, claro.

Ya sé lo que estás pensando, y no, no se trata de espolvorear sobre tu comida un producto que aporte a lo que vas a comer unas características desagradables en plan “aroma a culo de mofeta”, ¿te acuerdas (Mujer consigue adelgazar porque la comida le huele a mierda y vende su sistema)? No, según la web a partir de la cual se vende, NIDORA® basa su funcionamiento en un proceso científico extremadamente sencillo. Dice que…

Mientras comemos, los receptores del olfato y del gusto envían mensajes al cerebro, que libera ciertas hormonas para indicar al organismo que es el momento de dejar de comer. Al intensificar el olor, NIDORA® acelera la activación de la sensación de saciedad, por tanto, ¡usted come menos e ingiere menos calorías! Como NIDORA® funciona con los impulsos naturales del organismo, en lugar de contra ellos, no hay sensación de hambre ni de ansiedad.

Si interesante es su sistema de funcionamiento lo que no debes de perderte son las promesas con respecto a sus beneficios, es decir, la magnitud del adelgazamiento por unidad de tiempo. Pues fíjate, cerca de 15 kilos en seis meses… sin dieta, sin restricciones, sin ejercicio, de forma natural, placenteramente, sin efecto yo-yo… como te digo la piedra filosofal del adelgazamiento.

Por si no lo has entendido te lo vuelven a explicar en este ilustrativo video. Prodigioso el cálculo que hace de las calorías perdidas.

¿Y qué contiene NIDORA® para obrar semejante prodigio?

No me extenderé: Maltodextrina (sin gluten, aclaran); fosfato tricálcico; sílice; soja (lecitina de soja) y saborizantes naturales y artificiales (que por cierto no concreta). Los puedes consultar en este enlace. Me imagino tu próxima pregunta ¿hay algún dictamen favorable al respecto de cualquiera de estos ingredientes, solos o en sabia combinación, que certifique sus propiedades a la hora de fomentar la saciedad y por ende facilitar el adelgazamiento? Estoooo…

¿La pregunta es broma, verdad? No, ni nada que se le aproxime ni remotamente.

¿Cuántos estudios hay que certifiquen su eficacia?

Cero pelotero. Bueno en realidad, al parecer hay uno: aquel que el fabricante dice tener o haber hecho y que no figura por ninguna parte. Y conste que habla de él (puedes consultar en este enlace) con una pomposidad que le deja a uno con la boca abierta:

Ningún otro sistema para perder peso ha logrado resultados clínicos tan elocuentes. Durante 6 meses, 1000 mujeres y 1000 hombres espolvorearon cristales aromatizados pero sin sabor en todo lo que comieron. En cada porción de comida, en cada pequeño bocado, en cada cuenco de cereal y en cada copa de helado… Ninguna de estas 2000 personas sabía si estaba ingiriendo el producto (NIDORA®) o si estaba ingiriendo un placebo, sólo los investigadores lo sabían. A 100 personas de las 2000 no fue suministrado el producto, en su lugar recibieron un placebo. Ellos tampoco sabían lo que se les estaba suministrando. Además, a los participantes no se les pidió de cambiar su dieta normal y/o programa de ejercicios.

[…] Las 1900 personas que tomaron parte en el estudio clínico como grupo de prueba y completaron el programa perdieron una media de 15 kg. Los participantes llegaron a estos resultados sin seguir un régimen especial de ejercicios y/o dieta. Los 100 del grupo de control perdieron una media de solo 1 kg.

¿Y quién es ese Dr Setephen Hill, neurólogo de renombre, que avala el sistema?

No lo sé, lo he buscado por todas partes y lo único que he encontrado es esta elocuente web, “estática” donde las haya, para dar fe de su persona. Y espera que aún falta lo mejor.

En esta página web del sistema se afirma literalmente que NIDORA® no es un complemento dietético, así pues aquí en España no se le debería aplicar el Real Decreto 1487/2009 relativo a esta clase de productos y a la que se aspiran adscribirse todos los vendedores de martingalas adelgazantes (café verde, té del mismo color, faseolamina, extracto de pimiento…). No, estos pasan olímpicamente del RD 1487/2009 y dicen no definirse un complemento dietético. Así pues, con el escogido ramillete de la legislación que uno domina, lo único que se le puede aplicar es el RD 1907/1996, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria… ¿y qué hacemos al aplicárselo? Pues contrastar que difícilmente otro producto de estas características reúne tantas irregularidades como lo hace el NIDORA® de marras. Según este RD está expresamente prohibido:

  • Que sugieran propiedades específicas adelgazantes o contra la obesidad: Incumple (jajajaja)
  • Que pretendan una utilidad terapéutica para una o más enfermedades, sin ajustarse a los requisitos y exigencias previstos en la Ley del Medicamento y disposiciones que la desarrollan: Incumple
  • Que proporcionen seguridades de alivio o curación cierta: Incumple
  • Que utilicen como respaldo cualquier clase de autorizaciones, homologaciones o controles de autoridades sanitarias de cualquier país: Incumple (menciona a la FDA)
  • Que pretendan aportar testimonios de profesionales sanitarios, de personas famosas o conocidas por el público o de pacientes reales o supuestos, como medio de inducción al consumo: Incumple
  • Que atribuyan a los productos alimenticios, destinados a regímenes dietéticos o especiales, propiedades preventivas, curativas u otras distintas de las reconocidas a tales productos conforme a su normativa especial: Incumple
  • Que utilicen el término natural como característica vinculada a pretendidos efectos preventivos: Incumple
  • Y, en general, que atribuyan efectos preventivos o terapéuticos específicos que no estén respaldados por suficientes pruebas técnicas o científicas acreditadas y expresamente reconocidas por la Administración sanitaria del Estado: Incumple

Pues bien, ahí lo tienes, NIDORA®, un producto milagro como la copa de un pino que, según mis fuentes está en este momento en el candelero de muchas de esas tiendas conocidas como herbolarios. Un ejemplo paradigmático de lo que menos necesitamos en el terreno de la obesidad, accesible en nuestro entorno y por lo que sé, nuestras autoridades sanitarias mirando para otro lado. Así no hay forma.

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Nota: quiero agradecer a Mireia Gimeno (@mireiagimeno) sus aportaciones e interés para la realización de este post

Imagen:  Stuart Miles vía freedigitalphotos.net

Maiz

La cuestión de los alimentos transgénicos (o modificados genéticamente) ya sean de origen vegetal o animal y ya sea el uso al cual se destinan (alimentación animal o humana) suele ser objeto de posiciones encontradas y enconadas: los muy partidarios y los muy contrarios a ellos. Algo que me recuerda una tira de Mafalda en la que esta reflexionaba ante una frase lapidaria (creo que atribuida al Ché) que rezaba “más vale morir de pie que vivir de rodillas” y ante la que la buena de Mafalda se preguntaba si sería posible subsistir sentados… es decir, una reflexión que apelaba a la calma, invitando a alejarse de las opiniones extremadamente polarizadas.

Con todo el ánimo de ayudar a comprender el cómo las autoridades sanitarias trabajan a la hora a de certificar sus posibles beneficios y perjuicios os traigo este esquemático vídeo en el que se pone de relieve el papel que desempeña la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria EFSA, organismo que al fin y a la postre se encarga en nuestro entorno de emitir dictámenes científicos de muchas, por no decir de todas, las cuestiones relacionadas con los alimentos, incluidas, como es el caso de hoy, el de los distintos productos vegetales modificados genéticamente.

Tal y como se pone de relieve al principio del mismo: un organismo modificado genéticamente es un organismo (ya sea vegetal o animal) cuyo material genético ha sido alterado de forma que dicha alteración un pueda ocurrir de forma natural. Que este organismo modificado genéticamente sea más o menos nutritivo que la planta original, más o menos seguro para su consumo (bien por parte de los animales o del ser humano) o modifique el entorno en mayor o menor cuantía, son las cuestiones que la EFSA trata de evaluar y, con ellas, terminar por emitir un dictamen científico basado en las pruebas.

Así, tal y como se dice en su parte final, la EFSA no está ni a favor ni en contra de los organismos modificados genéticamente, su trabajo consiste en evaluar todas las cuestiones mencionadas relativas al impacto de su seguridad en distintas circunstancias y emitir el citado informe para que las autoridades sanitarias y las administraciones en general terminen por tomar las decisiones que correspondan con respecto a su uso, así como establecer las políticas correspondientes.

Si te ha gustado este post quizá te interese consultar:

  • Transgénicos e intransigentes (Capítulo 1)
  • Transgénicos e intransigentes (Capítulo 2)
  • “Maná”: Un vibrante thriller científico con los transgénicos como epicentro
  • Con-ciencia alimentaria de la mano del Dr. Daniel Ramón

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Imagen: Stoonn vía freedigitalphotos.net

Plan de acción OMS 2015_2020Hace escasos días la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo público su propuesta de Plan de Acción sobre Alimentación y la Nutrición para el periodo 2015-2020. Con sinceridad, me esperaba algo más de chicha. En especial después de conocer las duras palabras de su presidenta, hace apenas un año, al identificar sin pelos en la lengua algunos de los principales riesgos y peligros en la creación de políticas a este respecto; me refiero cuando señaló a la industria alimentaria como uno de los actores principales de este drama y no precisamente a la hora de representar el papel de bueno de la película, sino más bien todo lo contrario.

Así, este documento de la OMS se me antoja más una especie de carta a los reyes magos que un verdadero Plan de Acción que trasladar a los estados miembros y que resulte en cambios significativos. Ojalá me equivoque y tenga que comerme estas palabras. En cualquier caso, en el apartado “Calendario” se afirma que no será hasta dentro de un año (septiembre de 2015) cuando la propia OMS desarrollará una especie de “lista de comprobación” con la que poder cuantificar los avances de los distintos países a la hora de implementar los indicadores más relevantes de este plan. Cuando ese día llegue, no estaría nada mal el poder acceder a esa información, conocer cuáles son esos “indicadores relevantes” y en que situación está cada país a la hora de cumplirlos. Estaremos atentos.

De todas formas, entrando en materia, el documento es un poco más de lo de siempre. Buenas palabras, deseos e intenciones que no por repetirse parezca a estas alturas del cuento que vayan a plasmarse en realidades. Entre sus objetivos, la creación de entornos saludables en lo que a consumo de alimentos y bebidas se refiere; una necesaria especial atención hacia los colectivos más vulnerables (en concreto la infancia); promoción de un estilo de alimentación saludable a todo lo largo del ciclo vital; reforzar los sistemas de salud para que sean promotores de una alimentación saludable; apoyar la vigilancia, monitorización, evaluación e investigación de los alimentos actuales y futuros; fortalecer las alianzas intersectoriales y conseguir un mismo enfoque en todas las políticas; etcétera.

Creo que se me nota un poco pesimista. Quizá sí, pero no es preciso confundirse. Suscribo casi totalmente los puntos que defiende este Plan (hay cosas que me parecen muy matizables). Sin embargo y como ya he dicho, este documento no aporta ninguna novedad, estas cosas ya se han dicho o se dicen cuando en el terreno político se les llena la boca a los dirigentes con el “voy a hacer o haremos”. Vale, esto que propone el plan ya se ha dicho infinidad de veces. Lo que hace falta es hacerlo.

Por ejemplo, el plan menciona, en sus puntos 38, 39 y 40, la necesidad de asegurar que en todos los entornos sanitarios existe un compromiso de promoción de la salud, teniendo en cuenta que la nutrición y la alimentación saludable han de ser dos prioridades clave en los sistemas de asistencia social, de forma que se incluyan breves intervenciones y se dé asesoramiento en nutrición en los centros de atención primaria. Para ello, sigue el texto se requerirá la presencia en los sistemas sanitarios de profesionales especialmente capacitados y formados (cualificados) y que esta atención se haga extensiva a todos los ámbitos de la intervención sanitaria.

¿Estará sugiriendo la OMS que es necesario contar con dietistas-nutricionistas en los Servicios Públicos de Salud? No estaría mal… de hecho España es uno de los países a la zaga de entre los de su entorno en este tema (ver post relacionado aquí, aquí y aquí)

En relación a lo que no me gusta demasiado de esta desiderata, que es poco, refiere en concreto al punto 32 cuando sostiene que uno de los objetivos ha de establecerse en la promoción de la reformulación de alimentos. Ejem, no. Yo al menos no considero esto una prioridad tal y como están las cosas; me explico, no veo yo mayor necesidad en “reformular” una lechuga, un rodaballo o unos espárragos de Tudela. Claro, y no hay necesidad porque la OMS se debe referir a la reformulación de alimentos procesados: reformular una “pizza barbacoa” industrial, una salsa “César” ignominiosa, unos almibarados cereales de desayuno o unos frutos secos tostados, salados y de sabor “tijuana”… por ejemplo. Y no digo que no sea necesario “reformular” tales cosas; opino que esta no ha de ser una prioridad.

Prioridad ha de ser en este terreno poner a cada uno de este tipo de alimentos en el lugar que se merece, acercando los primeros a nuestras mesas y alejando los segundos a partir de políticas claras que no dejen lugar a la menor duda. Alimentos adecuados, sí; y alimentos caca, no… en ese plan.

En fin, ya veremos qué pasa dentro de un año. Ojalá me caiga con todo el equipo, lo digo en serio.
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Nota: Quiero agradecer a Raquel Bernácer (@aliment_ARTE) sus aportaciones para este post.

Imagen:   vía freedigitalphotos.net

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