MARA MARTOS

  • Hay mil formas deliciosas de plantarle cara al caluroso verano.
  • Te damos cuatro recetas contra el calor para que hagas en casa.
  • Los helados y sus sabores se renuevan.
  • Descárgate el PDF de la edición impresa del número de junio de 2014.

Smoothies

Hay muchas formas de resistirse al calor en las tardes de verano: con cucurucho de helado, a golpe de cucharilla y tarrina o sorbiendo en pajita. Smoothies, sorbetes, granizados y helados tienen composiciones similares, pero ¿en qué se diferencian?

Los primeros se preparan con fruta fresca y, para lograr la textura densa que los caracteriza, se les añade yogur o leche. Se sirven bien fríos, pero se elaboran sin hielo. Los sorbetes se acercan más al helado, pero no contienen leche ni huevo y, por tanto, su consistencia es más ligera y menos grasa. Tampoco contienen cristales de hielo.

Los granizados, por su parte, se preparan con zumo de fruta –o también con café– y se congelan, hasta conseguir la textura granizada; o bien, en vez de congelarse, se pica hielo y se incorpora al zumo. Y el helado suele contener huevo, nata, en ocasiones fruta y nunca hielo incorporado a la receta.

En definitiva, cuatro formas de tomar un postre frío y con un aporte calórico bajo (salvo los helados).

Helado de vainilla y ‘cookies’

INGREDIENTES: 3 yemas de huevo, 400 ml de nata para montar, 3 cucharadas de esencia de vainilla, 100 g de azúcar y 10 galletas tipo cookie.

¿Cómo se elabora? Calienta la leche y el azúcar sin llegar a hervir. Déjala enfriar. Monta la nata con unas varillas e incorpórala a la mezcla. La nata debe estar fría y tener al menos un 30% de materia grasa, si no será casi imposible montarla. A continuación, mezcla en un bol la leche azucarada ya fría con las yemas de huevo y la esencia de vainilla. Añade la nata montada poco a poco, removiendo  todo el rato. Agrega las cookies en trocitos y vierte todo en un recipiente apto para congelador (mejor alargado y plano). Introdúcelo en el congelador durante al menos cuatro horas, removiéndolo cada 30 minutos para evitar que la superficie se cristalice y la nata se sedimente en el fondo. Sácalo 10 minutos antes de consumir. Sírvelo en una tulipa de barquillo.

‘Smoothie’ de frambuesa

INGREDIENTES: 200 g de frambuesas, 3 fresas, un vaso de leche, un yogur natural y azúcar al gusto.

¿Cómo se elabora? Congela las fresas y las frambuesas. Cuando estén bien frías, bátelas junto con el resto de ingredientes y sírvelo en el acto. Puedes cambiar las fresas por las frutas que prefieras. Perfecto para la merienda.

Granizado de limón

INGREDIENTES: 3 limones grandes, 200 g de azúcar y 500 ml de agua.

¿Cómo se elabora? Ralla la piel del limón (solo la parte amarilla) y exprime el zumo con cuidado de que no se cuelen las pepitas. Mezcla la ralladura, el zumo y el azúcar con el agua y mete la mezcla en el congelador durante 45 minutos. A continuación sácalo, remuévelo y vuelve a introducirlo en el congelador, y repite el proceso una vez más. Después estará listo para servir.

Sorbete de piña

INGREDIENTES: una piña natural o de lata (sin almíbar), un vaso de agua, un limón y azúcar al gusto.

¿Cómo se elabora? Exprime el limón y mézclalo con el agua. Añade la piña en trozos previamente congelada, bate la mezcla y agrega el azúcar que necesite. Puedes añadir un chorrito de sidra o cava y adornarlo con un pedacito de piña.

EROSKI CONSUMER

  • Aparte de congelar agua para obtener cubitos, existen otras formas de hacer hielo útiles en la cocina.
  • Puede ayudar en el preparado de sopas y gazpachos fríos y sabrosos.
  • También se puede almacenar un caldo casero en forma de cubitos para usar en posteriores platos.
  • Se pueden realizar ‘hielos rellenos’ con trocitos de frutas frescas, pétalos de flores comestibles, hojitas de hierbas aromáticas y hasta especias.
  • Ayuda a mantener el marisco en su punto, en el cocinado de verduras, etc.

Frigorífico

Llega el calor, se acerca el verano y las cubiteras se ponen a punto en el congelador. Casi siempre, para hacer cubitos de hielo con agua que ayuden a refrescar bebidas. Sin embargo, existen otras formas de hacer hielo que pueden resultar muy útiles en la cocina, tal y como señalan desde Eroski Consumer.

Mantener las sopas frías (y sabrosas): el recetario tradicional ofrece varios ejemplos de sopas frías, desde el popular gazpacho hasta las refrescantes sopas de pepino o de apio y manzana. También hay sopas de frutas que se consumen frías. Una manera muy práctica y efectiva de conservar frías estas preparaciones (o de enfriarlas, si las acabamos de hacer) es contar en el congelador con unos cubitos helados con el ingrediente principal (tomate y unas gotitas de aceite para el gazpacho, apios o pepinos triturados para las otras sopas…). De esta manera, no solo se conseguirá un plato muy refrescante, sino que se mantendrá su auténtico sabor, porque se evitará que se agüe la preparación.

Almacenar caldos caseros: otra forma de tener guardado, por ejemplo, el caldo de una buena sopa de pescado es congelarlo en forma de cubitos. Así, cuando se prepare una salsa u otra sopa de pescado, los podremos agregar. En este caso, el objetivo no es enfriar las preparaciones, sino potenciar su sabor con una elaboración casera, rica y que merezca la pena.

Hacer ‘hielos rellenos’, muy decorativos. En los combinados, granizados, sorbetes y cócteles (con y sin alcohol), los hielos desempeñan un papel fundamental. Para mejorar el aspecto de las bebidas, además de darles un toque de originalidad y una chispa de sabor, se pueden preparar “hielos rellenos”. Si se introducen trocitos de frutas frescas, pétalos de flores comestibles, hojitas de hierbas aromáticas y hasta pedacitos de especias (como pimientas variadas o láminas de jengibre), se conseguirán unos resultados sorprendentes y divertidos.

Servir el marisco en su punto. El hielo tal cual (solo agua) es muy importante en la cocina para cortar cocciones en el momento adecuado y con rapidez. Si se prepara un bol con agua, una buena cantidad de hielo y un puñito de sal, se tiene la clave para servir el marisco en su punto. ¿Cómo? Muy sencillo: una vez que se haya cocido, se saca del agua de cocción y se introduce de inmediato en este hielo. La cocción se cortará, la carne quedará turgente y así se obtendrá un sabroso bocado de mar.

Fijar el color de las verduras cocidas. El hielo también se emplea para detener la cocción y fijar el color de verduras. Cuando se hierven ciertas hortalizas que contienen clorofila o carotenos (vainas, zanahorias, guisantes, habas, etc.), muchas veces el color natural se desluce. Para evitarlo, además de no cocerlas en exceso, es fundamental sacarlas del fuego e introducirlas con rapidez en un bol de agua con hielo. De esta manera, los colores naturales (verdes o naranjas, sobre todo) serán más intensos, más brillantes y lucirán estupendos en las verduras.

Zumos y cafés helados. En el momento de elaborar zumos, granizados, sorbetes y cafés azucarados, el hielo es fundamental. Si se mete el zumo de frutas o el café en una batidora americana y añade hielo, se logra un granizado o un frappé sencillo, pero muy vistosos y ricos. El truco, además de servirlos de inmediato para evitar que se derrita el hielo, es que tanto el café como el zumo deben ser potentes de sabor para que el gusto original perdure en la mezcla, aun añadiéndole los hielos.

AGENCIAS

  • Para el cocinero, “todo lo que ha pasado con El Bulli es una historia de película que nadie esperaba”.
  • El Palau Robert acoge hasta el 27 de julio una exposición sobre el Bullifoundation.
  • Se estructura en tres ámbitos: elBulli1846, elBulliDNA y la Bullipedia.
  • Los ecologistas celebran el proyecto pero piden que se haga en otra ubicación para no poner en riesgo un espacio natural protegido.

ElBullifoundation

El cocinero Ferran Adrià ha inaugurado este lunes la exposición Bullifoundation, que muestra al público la transformación del mítico restaurante en elBullifundation, afirmando “es un proyecto de país que ha sido muy difícil y muy excepcional en todos los sentidos”.

Para Adrià, “todo lo que ha pasado con El Bulli en los últimos años es una historia de película que yo ni nadie esperaba”, y ha puntualizado que con esta muestra pública quiere que todo el mundo conozca de verdad de lo que se trata. En declaraciones a Efe, Adrià ha destacado que “todo ha ido surgiendo poco a poco, y que todo lo que ha pasado en los últimos 15 años de El Bulli no estaba en el guión. En el año 97 tuvimos 3 Estrellas Michelín, que era el guión. Con 3 estrellas, y de allí a aquí… un sueño“.

La exhibición, que estará abierta hasta el próximo 27 de julio en el Palau Robert, se estructura en tres ámbitos que son los pilares de elBullifoundation: elBulli1846, el espacio que presenta el proyecto arquitectónico en una gran maqueta; elBulliDNA, el equipo de trabajo que desarrollará la creatividad, y Bullipedia, la enciclopedia web de la gastronomía y la cocina occidentales.

Tras remarcar en la inauguración que “queremos el sueño”, ha dado las gracias a quienes lo apoyan afirmando que “las cosas pueden cambiar, pero para ello hay que luchar mucho” y ha recordado que “en El Bulli durante 15 años no ganamos un duro y seguimos trabajando”. Ha dado las gracias especialmente al presidente de la Generalitat, Artur Mas, que ha pasado a saludar sólo unos minutos debido a la abdicación del Rey, y que debía presidir el acto.

El cocinero ha puntualizado que en el Bullfoundation “se quiere cambiar el concepto de educación, desde Barcelona, y sin necesidad de grandes recursos, con un presupuesto de 2,5 millones anuales”, y que por eso es importante que se entienda bien.

Los tres pilares del Bullifoundation

La parte central de la exposición acoge el ámbito elBulli1846, con la maqueta de los nuevos edificios y una explicación detallada del proyecto de arquitectura y paisajismo. El proyecto estará en el Parque Natural del Cap de Creus, donde ocupará 5.411 metros cuadrados, y se hará con un sistema de muros de piedra que evoca los características del entorno rural de esa zona del Empordà.

Precisamente, una veintena de entidades de toda Cataluña han presentado este lunes una campaña de información y denuncia para reclamar una ubicación alternativa. Comparten que es “un proyecto de país” que puede aportar muchos beneficios pero ampliar el establecimiento, ubicado en la Cala Montjoi, en 3.000 metros cuadrados pone en peligro un espacio natural protegido. Además, la ley “hecha a medida” por el Ejecutivo de Artur Mas sentaría un precedente.

El espacio elBulli1846, cuyo número hace referencia a la cantidad de platos creados por El Bulli, también acogerá un recorrido narrativo sobre el proceso creativo y gastronómico, y será un observatorio del equipo creativo que se constituirá como elBulliDNA.

La exposición también recuerda el proceso vivido desde el cierre del restaurante elBulli, en julio de 2011, hasta su transformación en elBullifoundation, y cómo la tarea desarrollada por Ferran Adrià y su equipo se ha mantenido viva gracias a las exposiciones que se han presentado en Londres, Nueva York y Boston.

EP

  • En EE UU, el coste por caloría de la dieta de comida rápida es un 24% más elevado que el de la dieta cocinada en casa.
  • Las directrices dietéticas recomiendan sólo pequeñas cantidades de alimentos costosos como carne, pescado, pollo y queso.
  • Debemos comer más judías, lentejas, pan integral, arroz, pasta y otros cereales.
  • Conviene optimizar las raciones y hacer recetas que reutilicen los restos.

Cocinando

Comer sano no sólo es deseable sino más barato. Si bien es cierto que comprar verduras ecológicas o carne de primera es más caro, comer sano es cuestión de orden y de buenos hábitos. Y básicamente de ser nosotros quienes cocinemos, evitando en lo posible los productos elaborados: más caros y menos sanos.  

El Consejo Europeo de Información Alimentaria reconoce que existe una falsa creencia generalizada de que la comida sana es cara. Aunque supone quizá un extra de planificación y reflexión, es posible comer de forma sana con un presupuesto limitado. Para ello nos dan estos consejos.

Cocinar en casa
Un reciente estudio estadounidense evaluó el coste de comprar alimentos siguiendo las recomendaciones dietéticas nacionales en un supermercado en comparación con adquirir comida rápida en restaurantes modernos. Los alimentos que se compraron en el supermercado incluían grandes cantidades de fruta al peso, vegetales congelados, pechuga de pollo, carne magra, pasta, panes, cereales de desayuno y productos lácteos. Las comidas compradas en los restaurantes modernos eran bocadillos, carne de pollo empanada, patatas salteadas o fritas, zumo, café y refrescos.

Los análisis revelaron que el coste por caloría de la dieta de comida rápida era un 24% más elevado que el de la dieta cocinada en casa. Sin embargo, este cálculo no tuvo en cuenta los costes de la infraestructura privada para cocinar ni el tiempo necesario para comprar y cocinar los alimentos, aunque el ahorro global podría ser en cualquier caso menor. No existen datos comparables a nivel europeo.

Seguir las recomendaciones dietéticas
Se suele pensar que comer sano es caro pero la variedad de posibilidades de las tiendas, mercados y supermercados actuales proporciona un amplio abanico de alternativas. Además, las directrices dietéticas recomiendan sólo pequeñas cantidades de alimentos costosos como carne, pescado, pollo y queso. De hecho, deberíamos comer más judías, lentejas y otros alimentos baratos como pan integral, arroz, pasta y otros cereales.

En lo que se refiere a la fruta y los vegetales, los estacionales suelen tener un precio más bajo. Pero también se pueden tomar variedades congeladas y enlatadas, que se encuentran todo el año y contribuyen al consumo recomendado de vegetales y frutas.

Además, dada la seguridad y calidad nutricional de los alimentos convencionales, no merece la pena incluir alimentos orgánicos más caros si se dispone de un presupuesto limitado. Por ello, hay que estar atentos al realizar la compra, a las ofertas y sobre todo compre sólo lo que sepa que va a comer.

Menos desperdicios y menos sobras
En Europa tiramos grandes cantidades de alimentos cada año, muchos de ellos aún en su embalaje original. Esto se debe sobretodo a que los alimentos se echan a perder antes de que los lleguemos a comer o a que cocinamos demasiado y tiramos los restos. Existen páginas web que ayudan a reducir el desperdicio de comida a menudo proporcionando consejos sobre la optimización de las raciones, cómo mantener frescos los alimentos durante más tiempo y con recetas para reutilizar los restos.

Tener siempre un plan
Una buena forma de comer barato y sano sin desperdiciar alimentos es realizar una buena planificación. Para ello bastará con pasar media hora decidiendo el menú de la semana, mirar en libros de recetas o buscar entre algunos de los muchos sitios web en los que se dan ideas para realizar comidas sanas y económicas.

Es muy útil examinar lo que tenemos en la despensa, hacer una lista de ingredientes adicionales y llevar con nosotros la lista al ir de compras. Comer antes de ir al supermercado podría ayudar a no comprar por impulso ya que tener hambre conduce a añadir muchos extras al carrito.

Trucos rápidos a modo de resumen

Los especialistas del sitio europeo sobre alimentación concretan sus consejos en esta lista de “trucos” para comprar, cocinar y comer:

  • Compra vegetales y frutas de temporada y cocine en casa siempre que sea posible.
  • Diseña un menú barato saludable de forma semanal.
  • Escribe una lista de la compra y no te salgas de ella.
  • Organiza los alimentos en la nevera y despensa de manera que se consuman antes de que caduquen o se estropeen.
  • Mide las porciones para reducir los restos.
  • Descubre cómo utilizar la comida que te sobra.
  • Cocina el doble y congela la mitad para otro día.
  • Aprovecha los precios reducidos en alimentos perecederos al final del día o en los fines de semana.
  • Comparte ofertas especiales de productos en gran cantidad con un amigo o congela el excedente para más adelante.

EFE

  • El Museo de Historia de Cataluña acoge la exposición “Menús de guerra”.
  • “Ferran Adrià o Joan Roca no son fruto de la casualidad”, afirma el comisario.
  • Se hacían ensaladas de ortigas, se fomentaba la cría de gallinas y se distribuían recetas para poder cocinar con lo que había.

Cocineros durante la guerra

La exposición “Menús de guerra” reivindica en el Museo de Historia de Cataluña el valor de la cocina de guerra puesta en práctica durante la contienda civil española e impulsada por el gobierno de la República.

El comisario de la exposición, Sergi Freixes, ha explicado este jueves que la muestra constata que los grandes nombres de la cocina catalana “Ferran Adrià, Carme Ruscalleda, Joan Roca, Carles Gaig o Nando Jubany, no son fruto de la casualidad, sino que arrancan de unas raíces, de una tradición y de unos episodios que, no por ser desconocidos, dejan de tener una importancia fundamental“.

Freixes ha centrado su mirada en el momento de la Segunda República, porque, como en otras áreas de la sociedad y de la cultura, “la primera mitad de los años treinta supuso un instante de gran creatividad y de una fuerte voluntad de ofrecer una mirada nueva y moderna”.

Entre los años veinte y treinta, recuerda el comisario, comenzó a emerger la figura del chef y un primer ejemplo es Joan Vila, un cocinero que recibió en 1936 el encargo de la Generalitat de hacer “un recetario de 24 platos para que las amas de casa pudieran hacer menús en tiempos de guerra” y que se publicó en forma de opúsculo en una edición bilingüe catalán-castellano.

El gastrónomo Ferran Agulló (Pol) fue el primero en decir que Cataluña tenía una “cocina propia”, que “hacía suyos los ingredientes propios de Francia e Italia”.

La exposición, que estará abierta al público desde este viernes y hasta el 28 de septiembre, dedica especial atención al cocinero Ignasi Domènech, quien con más de 30 obras continúa siendo el autor español de más libros de cocina y que Manuel Vázquez Montalbán definió como “el Menéndez Pelayo de la literatura culinaria española”.

Domènech, autor de cuatro títulos en catalán, entre ellos el popular La teca (1924), publicó en 1941 Cocina de recursos, que recogía sus vivencias en la Barcelona de 1938. En ese libro propone, entre otras recetas, cinco ensaladas crudas de ortigas, productos sustitutivos del pan o una tortilla de patatas en la que sustituye las patatas por la parte blanca de la piel de naranja una vez seca y el huevo por una mezcla de harina, bicarbonato y agua.

En el recorrido expositivo se ilustran los menús de plato único que las colectivizaciones y la Generalitat impusieron en los hoteles y restaurantes durante la guerra o la labor realizada por el Instituto de Cultura de la Mujer, donde los grandes cocineros del momento impartían clases a las mujeres de las clases pudientes y a las cocineras de la burguesía.

En el ecuador de la muestra se pueden ver las primeras fichas coleccionables de recetas que se encartaban en las revistas de la época, creadas por Joan Vila, o la labor del doctor Nicolás Capo y su mujer Ramona Perera de difusión de la cocina naturista y vegetariana, “muy importante en los años treinta”, remarca Freixes.

La exposición se cierra con la campaña que impulsó la Generalitat en 1936, “La batalla del huevo”, que pretendía convertir a los ciudadanos en pequeños fabricantes de huevos criando gallinas en balcones o jardines “en un paralelismo similar al de los actuales huertos urbanos” que buscaban la autosuficiencia, apunta el comisario. 

EFE / VÍDEO : ATLAS

  • Mario Sandoval, de 44 años, ha superado en la categoría de Mejor Jefe de Cocina a Eneko Atxa y Kiko Moya.
  • Dirige el restaurante ‘Coque’, situado en Humanes (Madrid), que cuenta con una estrella Michelín. 

Mario Sandoval

El cocinero madrileño Mario Sandoval, al frente del restaurante Coque (Humanes, Madrid) se ha alzado con el premio al Mejor Jefe de Cocina 2013 que otorga anualmente la Academia Nacional de Gastronomía.

Sandoval, de 44 años, competía en esta categoría con el chef vasco Eneko Atxa, del restaurante Azurmendi (Larrabetzu, Vizcaya) y el alicantino Kiko Moya, del L’Escaleta (Concentaina, Alicante). El año pasado, aunque estaba nominado, se quedó a las puertas y el premio, finalmente, recayó en el gaditano Ángel León.

El restaurante Coque, con más de 60 años de historia desde que lo fundaran los padres de los hermanos Sandoval (Mario, Rafael y Diego), cuenta con tres soles en la Guía Repsol 2014 y una estrella Michelín en la Guía Roja Michelín de España y Portugal.

El ganador en esta edición se ha dado a conocer en el transcurso de una gala celebrada en el Casino de Madrid y que ha contado con el académico y actor Juan Echanove como maestro de ceremonias y la presencia del ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, acompañado por Rafael Ansón y Carlos Falcó, presidente y vicepresidente de la RAG, y por Ymelda Moreno, presidenta de la Cofradía de la Buena Mesa.

Tras conocer la feliz noticia, el galardonado ha recordado a su abuelo Coque y se ha mostrado convencido de que este día se hubiera sentido muy orgulloso de sus tres nietos (el propio Mario y sus hermanos Rafael y Diego) al verlos recoger el premio.

El jurado de estos galardones, integrado por las juntas directivas de la Real Academia de Gastronomía y de la Cofradía de la Buena Mesa, nominó al chef madrileño (dueño de ‘Coque’ y ‘Columbus’) como mejor jefe de cocina junto a los cocineros españoles Eneko Atxa (Azurmendi) y Kiko Moya (L’Escaleta). Durante la gala también se ha reconocido la labor de Javier de Andrés, del restaurante La Sucursal (Valencia), como Mejor Director de Sala. En esta categoría, se ha impuesto así a los otros dos nominados, Kontxi Beobide (Arzak) y Diego Rodríguez Rey (El Bohío). Por su parte, Gemma Vela, del Hotel Ritz de Madrid, se ha impuesto a Isabelle Brunet (Monvínic) y Pilar Cavero (El Celler de Can Roca) para alzarse con el galardón a la Mejor Sumiller.

El galardón a la Mejor Labor Periodística ha recaído en Pablo Amate con una dilatada carrera periodística en diversos medios nacionales e internacionales, mientras que el premio a la Mejor Publicación fue para Oleum, el gran homenaje de Carlos Falcó al aceite de oliva.

Como novedad, este año se han entregado los Premios Nacionales de Gastronomía Saludable, que reconocen la labor de una persona y una institución en la promoción de la alimentación saludable. La Mejor Institución 2013 ha sido la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, mientras que Ismael Díaz Yubero ha recibido el reconocimiento individual a la Personalidad 2013.

P.A

  • Llegó a España en plena crisis y ha conquistado el mercado veraniego.
  • El yogur helado no es sólo ‘carne’ de tienda, las editoriales ya han visto el tirón que tiene y apuestan por libros de gastronomía dedicados solo a ellos.
  • El secreto: recetas que no recuerdan al sabor del yogur natural, cero acidez y mucha dulzura, aunque sea él el verdadero protagonista.

La fiebre del yogur helado

Nació en plena crisis y no ha dejado de crecer: el yogur helado es el rey de los dulces de verano. Hasta hace apenas cinco años era una rareza; hoy no sólo hay tiendas en cada esquina, sino que algunas editoriales apuestan por este dulce como temática única para sus libros de gastronomía (uno de los últimos en llegar: Yogur helado, Lunwerg), y las marcas de yogures tradicionales también se han abierto a este nicho de mercado.

Plantarle cara al helado estos meses no era en principio tarea fácil. Sin embargo, ha resultado que a los españoles (los americanos ya habían dejado claro su favor hacia este plato) les gusta y mucho esta opción que conquista porque es dulce, saludable y ligera.

“Cuando abrimos en Denia una tienda de yogur helado no pensábamos que esto sería una franquicia con locales hasta fuera de España” dice el presidente de llaollao y padre del joven empresario, Pedro Espinosa, que se trajo la idea de Estados Unidos.

“Las cosas como son, no lo hemos inventado nosotros, es de los americanos, pero nosotros sabíamos cómo hacerlo”, dice Espinosa. Al mes de abrir ellos su tienda ya había quien les hacía competencia en Barcelona. Pero fueron los primeros, aunque en treinta días ya hubieran tomado nota otros.

Familia de heladeros, creyeron en la idea del joven Espinosa, que tras trabajar en Estados Unidos, vio claro que tenían que abrir una tienda de ese producto que era el yogur pero que en nada recordaba a él. Era 2009, y aquel local fue el primero de los más de 110 de llaollao que existen hoy en España. Ni siquiera se planteaban entonces la posibilidad de tener otra tienda si funcionaba bien la recién abierta.

Fuera de nuestras fronteras también están teniendo éxito, incluso en Asia, donde la leche no es un producto al que estén muy acostumbrados.

“Asia es muy buen mercado” asegura Espinosa, que en Singapur ha abierto cinco tiendas. “Y toda la vanguardia asiática para siempre primero por Singapur“, comenta Espinosa. De hecho no es raro ver cómo en España en las tiendas de yogur helado siempre hay algún asiático. Hablamos con uno de ellos, que enseguida expresa su pasión por el yogur helado: “Me encanta”.

Recuerda el padre del muy premiado a sus 29 años Pedro Espinosa el mejor año, no en facturación que ha sido el actual sino en expansión, fue 2011: “Cada diez días abríamos una tienda“. La facturación no ha dejado de crecer y eso que se creó en uno de los peores momentos económicos.

¿El secreto? Lo avanza Espinosa: “Transformar el yogur en un producto innovador”. Fuera el punto de acidez del yogur pero con todo lo saludable del mismo.

“Normalmente lo tomo” dice Laura (20 años), “por el sabor y porque estando buenísimo no resulta pesado. Mi favorito es el que lleva frutos del bosque”.

“No sabe a yogur, por eso me gusta”

Así lo dice a 20 Minutos Raquel, una joven (22 años) consumidora de yogur helado, con una buena copa en la mano: “Me encantan estos yogures helados, y no sabe nada a yogur, es que ni siquiera me gusta el yogur“.

No es la única con la que nos encontramos que asegura preferir este piscolabis a cualquier otro en horas de calor y que no son muy de yogur.

Ésta era precisamente la ‘pega’ inicial de los primeros yogures helados que se crearon, en 1970, en Nueva Inglaterra (EE UU), que sabían demasiado ácidos. Aquellos primeros ‘intentos se denominaron ‘frogourt‘.

En 1978 la cadena de restaurantes Brigham’s vendió el primer yogur helado individual, y al mismo tiempo ya había competidor: Danone creó el suyo. Ni uno ni otro corrieron buena fortuna: eran sanos, pero el sabor no convencía.

Tenía que llegar y llegó uno cuyo sabor fuera menos ácido y más dulce: en la década de 1980 nacieron las primeras cadenas de yogur helado con un sabor mucho más azucarado y menos amargo.

Las recetas se habían creado para que el resultado no recordara al yogur. Coincidían aquellos tiempos con los inicios de la locura estética, lo que provocó que la gente demandara productos light: creció la venta un 200% entre 1980 y 2000.

La misma fiebre de consumo light engulló al yogur helado que vio cómo caía a segundo o tercer plano hasta la segunda mitad de 2000. Desde 2010 el yogur helado es una de las opciones más instauradas en el mundo entero.

Y es que, aunque lo saludable sea o deba ser al menos cuestión primordial, a nadie se le escapa que a la hora de tomarse un dulce entre horas el sabor es el que gana. “A mí no me preocupa si engorda o no, y muestra su copa de yogur helado (siempre la base es yogur natural y en muchos casos la leche es desnatada) llena de chocolate líquido y pequeñas galletitas (también fruta natural), “yo me tomo esto porque me gusta y siempre pruebo diferentes tipos”.

La fruta es otro de los puntos fuertes (y otro tanto en la balanza de lo saludable), porque el yogur siempre es el mismo: natural. “Lo fundamental, aunque pueda llevar fruta, es la base y ésta es siempre de yogur natural. Nosotros tenemos nuestra propia fábrica”.

“Me encanta que sea tan saludable y que sea desnatado” comenta Maricel que acompañada de una niña está también tomando un yogur helado.  No es raro ver a padres y madres que acompañan a sus hijos en este placer con el que no sentir remordimientos porque no se le está dando a sus hijos lo más adecuado. Aquí el capricho se une con lo sano.

“Lo que me gusta es el sabor y la fruta” dice Laura (20 años), que acompañada de otro joven de su edad, van consumiéndolo mientras caminan a media mañana. Casi a cualquier hora es posible encontrar gente tomando yogur helado en los ya muchos establecimientos que ofrecen este producto o paseando por la calle.

El éxito es evidente, pero hay zonas donde triunfa más que en otras: “Madrid es la que más tiendas tiene: 30″ dice Espinosa, “seguida de la costa mediterránea”. Todo puede pasar, pero no parece que el yogur helado haya llegado para marcharse. 

Postres de yogur para hacer en casa

Recetas de Constance y Mathilde Lorenci del libro ‘Yogur helado’ (Lunwerg)

Tarta helada de limón (yogur natural + topping de tarta de limón)

Ingredientes

  • 800 gramos de yogur helado natural
  • Crema de limón: 180 g de zumo de limón, 10 g de maicena, 3 huevos, 200 g de sirope de agave.
  • Merengues: 2 claras de huevo, 150 g de azúcar
  • Crumble: 40 g de mantequilla sin sal a la temperatura ambiente, 40 g de azúcar, 40 g de harina de trigo, 40 g de almendras en polvo
  • Material: 2 mangas pasteleras, 1 boquilla acanalada y 1 boquilla pequeña lisa.

Preparación

Tarta de helado de limón.

  • Crema de limón: Llevar a ebullición el zumo de limón y apagar el fuego. Batir los huevos con la maicena y el sirope, espesarla a fuego medio removiendo con una cuchara de madera. Dejar enfriar.
  • Merengues: Montar las claras a punto de nieve con 75 g de azúcar. Añadir el resto de azúcar y mezclar. Cubrir la bandeja del horno con una hoja de papel de horno. Con una cuchara colocar encima del papel pequeños montoncitos de la mezcla de merengue, separados de manera que no se pequen. Cocer 20 minutos a 120º C y después una hora a 100ºC. Cuando los merengues estén fríos, trocearlos en migas.
  • Crumble: Mezclar con los dedos la mantequilla y el azúcar. Añadir la harina, las almendras en polvo y amasar hasta obtener una masa arenosa. Dejar reposar en un ambiente fresco 10 minutos. Extender migas de la masa sobre una hoja de papel de horno y hornear a 200ºC durante 15 minutos.

Presentación

Si el yogur helado está en la nevera se debe sacar 10 minutos antes. Rellenar con éste la manga pastelera fría con la boquilla puesta. Disponer en los moldes y esparcir por encima las migas de merengue y de crumble. Con la otra boquilla colocar bolitas de crema de limón en los yogures helados. Listo para servir.

Galletas sablé heladas

Ingredientes

  • 12 sablés grandes: 240 g de harina, 180 g de mantequilla, 170 g de azúcar, 1/2 cucharadita de sal, 1 cucharadita de levadura, 4 yemas de huevo pequeñas, 1 vaina de vainilla.
  • Relleno: 400 g de yogur helado natural, 6 fresas grandes.
  • Material: 12 moldes redondos de 8 cm de diámetro.

Preparación

Galleta

Cortar la vaina de vainilla y raspar los granos del interior. Mezclar la harina, la sal, la levadura, los granos de vainilla y la mantequilla. Añadir el azúcar y mezclar. Hacer un hueco en la masa y añadir las yemas. Taparlas con la masa y aplastarlas con las manos. Volver a tapar con la masa y aplastar con las manos. Repetir hasta que las yemas se hayan mezclado con la masa. Aplastar la masa, cubrirla con papel film y meterla en la nevera una hora. Precalentar el horno a 180ºC. Sacar la masa y amasarla para ablandarla. Enharinar la superficie de trabajo y el rodillo y extender la masa hasta que tenga 1 cm de grosor. Cortarla en discos con los moldes redondos y colocar cada galleta en su molde sobre una bandeja de horno cubierta con papel vegetal. Hornear 15 minutos. Cuando las galletas estén doradas dejarlas enfriar 15 minutos. 

Presentación

Lavar las fresas y cortarlas en rodajas. Cubrir seis galletas con una capa fina de yogur helado, poner encima las rodajas de fresas. Colocar encima una bola grande de yogur helado y cubrir con una segunda galleta. Presionar un poco para repartir el helado por toda la superficie y repasar los bordes con un cuchillo.

Más recetas de Helado con Yogur.

MARTA ORTIZ GINESTAL

  • En España una de cada cuatro personas padece algún tipo de trastorno alérgico, según el Libro de las Enfermedades Alérgicas la Fundación BBVA.
  • Las más comunes son la intolerancia a la lactosa, o al gluten.
  • Visualiza y descárgate el número de agosto de ‘El Mensual de 20minutos’.

Intolerancias alimentarias

Eloy revolotea alegremente a nuestro alrededor cuando vamos a su encuentro. Sabe bien que hoy sus padres van a hablar de él, y de lo que supone tener un hijo multialérgico prácticamente desde su nacimiento.

Con mucha emoción por enseñarnos todo lo que sabe, pide a su madre con insistencia que saque del bolso una suerte de lápiz precargado, una dosis autoinyectable de adrenalina que viaja siempre con ella para ponérsela a su hijo si fuera necesario, en caso de que sufriera una anafilaxis sobrevenida por una reacción alérgica alimentaria grave.

Eloy tiene solamente 7 años, pero le ha sobrado tiempo para aprender a conciencia el gesto que podría salvarle la vida. “Tomamos la pierna derecha, hacemos una cruz con el dedo en el muslo, y en la parte exterior pinchamos durante unos diez segundos. Después, retiramos el autoinyector y masajeamos la zona durante otros diez segundos”, cuentan a la par madre e hijo, con la cantinela típica de quien ya se sabe la lección de memoria.

“Las alergias alimentarias las vamos descubriendo”, relata Almudena, la mamá de Eloy. Existen tantos tipos de alimentos que sería imposible hacer pruebas de alergia a todos ellos. “Pero cuando un niño alérgico dice que no quiere seguir comiendo algo que no había probado antes, es que algo va mal, así que no hay que obligarlo”.

A Eloy le pasó hace poco al tomar las palomitas que su madre preparó comprando grano de maíz “porque hasta ahora no las había probado; todas las que vienen preparadas contienen mantequilla”. Casi al instante de catarlas dejó de comerlas.

El experimento arrojó un dato contundente: su hijo es alérgico al maíz. También lo es a la proteína de la leche, a las lentejas, las judías, los cacahuetes, el kiwi y el tomate. “Al huevo también fue alérgico, pero ya lo ha superado”, dice Almudena, que también es alérgica a algunas frutas.

Sustos y esperas

La historia de Eloy es la historia de muchos niños en nuestro país; un relato cargado de pruebas médicas, reacciones alérgicas, alimentos prohibidos, etiquetados aprendidos al dedillo, historiales clínicos, algún que otro susto y, sobre todo, muchas horas en la sala de espera de Urgencias.

Según datos de la Asociación Española de Alérgicos a Alimentos y Látex (Aepnaa), un 7,5% de la población infantil de nuestro país padece alguna alergia alimentaria y, de estos, al menos la mitad son alérgicos a más de un alimento. Muchos de estos niños superarán las alergias a los 3 o 4 años de edad, pero al menos un 1 o 2% de la población adulta sufre algún tipo de alergia a alimentos.

Si pensamos en alergias de cualquier tipo -a medicamentos, alergias respiratorias o a insectos, por ejemplo-, el índice se dispara. Según el Libro de las Enfermedades Alérgicas, de la Fundación BBVA, en España una de cada cuatro personas padece algún tipo de trastorno alérgico, y se estima que entre el 30 y el 40% de la población mundial se encuentra afectada por uno de ellos.

Alergias o intolerancias

A ello hay que sumar las cifras de personas que sufren algún tipo de intolerancia alimentaria, como la intolerancia a la lactosa, o al gluten, que en el caso de este último se cifra en 450.000 afectados en nuestro país. La intolerancia dista mucho de ser lo mismo que una alergia, término utilizado abusivamente en algunos casos.

La doctora Pilar Cots, especialista en Alergología e Inmunología Clínica por el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, cuenta a el mensual de 20minutos  que la diferencia entre ambas consiste en que “la alergia implica obligatoriamente una alteración del sistema inmune, es decir, ha de tener a la fuerza una base inmunológica.

Si no existe alteración del sistema inmunológico, la reacción puede ser producida por diferentes causas, desde una intoxicación (por ejemplo, por setas), hasta una intolerancia por una alteración de la digestión a nivel intestinal, como la intolerancia a la lactosa. Pero estas no son enfermedades alérgicas y tanto su historia como su evolución y tratamiento van a ser muy diferentes”.

Por ejemplo, en el caso de la alergia a la proteína de la leche y la intolerancia a la lactosa -que en ocasiones tendemos a confundirlas- hay que notar que en la segunda “no existe ninguna alteración inmunológica, sino un fallo en la digestión a nivel intestinal; esta intolerancia se produce por un fallo de una enzima digestiva; por lo tanto, no es una alergia y nunca podrá desencadenar un cuadro grave de anafilaxia como en el caso de la alergia a las proteínas de la leche”, declara Cots.

Y precisamente el cuadro de anafilaxia es el momento más temido por alérgicos o padres de niños alérgicos, porque si no se trata con rapidez, puede producir la muerte. Por esa razón, desde diferentes entidades de alergología, y desde la propia asociación Aepnaa, que nació de la mano de padres y madres con hijos alérgicos, se trabaja por formar al personal de los centros docentes, especialmente a los que están en contacto con los niños más pequeños, ya sean maestros, auxiliares de comedor o cocineros.

“Me paso la vida enseñando, porque todo lo que enseñe, beneficia a mi hijo. Al final, tienes que educar al niño y al entorno”, relata Almudena. “Hay profesores dispuestos a aprender, y a hacer todo lo que puedan por tu hijo, y otros que alegan que no es su función medicar a un niño”.

 

Ella, por su parte, prefiere cocinar en casa la comida de su hijo, que se lleva un tupper al cole y se lo come con el resto de sus compañeros. “Pero siempre lleva la misma comida que comerán sus compañeros”, aunque preparada con alimentos sin alérgenos y con la certeza de que sus ingredientes no se contaminan, por error, de otros que sí los contienen. “Nos toman por padres bordes, pero qué le vamos a hacer”, confiesa la madre de Eloy.

Sus argumentos, cuando se exponen con claridad, se alejan de parecer obsesivos y se tornan absolutamente justificados. El contacto con un cuchillo que ha cortado un alimento al que se es alérgico, ya puede producir una reacción severa.

Lo mismo ocurre con la saliva que se queda en la boca de una botella de agua, por ejemplo, o con algo que toque el mismo plato. Incluso el vapor que se produce al calentar la comida en un microondas puede desencadenar una reacción. Por eso, “en nuestro cole hay un microondas solamente para calentar la comida de los niños alérgicos, que no es solamente Eloy”, cuenta Almudena. Por su parte, María reconoce que para ella “es impensable entrar en un restaurante italiano”, porque es alérgica a la leche; algo tan desapercibido como el vapor del queso caliente de las pizzas resultaría totalmente incompatible con su bienestar.

No son solo los alimentos

“Los niños alérgicos se hacen muy duros”, reconocen los padres de Eloy, que regentan una papelería en Madrid. “No me importa nada que mi hijo esté marcado, al final es todo cuestión de preferencias”. Su hijo, como tantos otros, come solamente su comida, está perfectamente aleccionado para saber lo que puede o no puede tomar y jamás se le ocurre comer algo que no sea suyo.

Porque la leche, el huevo o los frutos secos se encuentran en tantísimos productos que es preferible no jugársela. La leche, por ejemplo, está presente en productos impensables, como embutidos, aceitunas en conserva, carne de hamburguesa, cosméticos, medicamentos o toallitas de bebé.

Así que, al final, lo que parece un asunto que compete meramente a la alimentación, se convierte en una cuestión personal, social, y estar continuamente sujeto a restricciones puede resultar verdaderamente duro.

Alejandro Álvarez ya se dio cuenta del asunto cuando una mujer acudió a su confitería de Gijón para encargarle una tarta “que estuviera realizada sin huevo y sin leche”, nos cuenta. Aceptó el reto y, poco a poco, fue formándose hasta especializarse en la elaboración de productos sin gluten, sin leche, sin huevo y sin frutos secos. Ahora, llena las estanterías del local que abrió el pasado mes de febrero en Madrid con bombones de chocolate, tartas o pasteles aptos para el consumo de las personas alérgicas.

“Tenemos los mejores clientes que se puedan tener, son realmente agradecidos; y resulta estimulante sentir que estamos dándoles una oportunidad que casi nadie les da. He visto, incluso, niños a los que les temblaban las manos al probar por primera vez, emocionados, algunos de mis dulces”.

Sus productos, que él define como gourmet, “están verdaderamente ricos”, presume. Pueden resultar entre un 15 o 20% más caros que los de otras tiendas, pero lo que es verdaderamente caro, cuenta, “es tirar a la basura un alimento sin alérgenos, barato, que no haya quien se lo coma; así que si hay algún producto que no va a estar conseguido, que no va a salir rico, prefiero no prepararlo”.

Hacer la compra es una de las tareas más difíciles de una persona con alergias alimentarias. “Seleccione sus síntomas”, reza una conocida web de productos alimenticios pensados para las personas con alergias, intolerancias o necesidades nutricionales especiales. Hay alimentos sin levadura, sin huevo, sin leche, sin fruta, sin fructosa, sin gluten, sin azúcar, sin trigo, sin soja, sin pescado y marisco, sin legumbres, sin frutos secos… y un sinfín más de posibilidades.

Un universo desconocido e impensable para el común de las personas que no padecen ninguna exigencia alimentaria especial, pero que existe y que cada vez está más presente en la vida de las personas.

Afortunadamente, después de aplicar al azar varios filtros en nuestra web, la búsqueda nos devuelve una buena lista de productos que sí podemos consumir. Productos sensiblemente más caros que los de consumo habitual y para los que prácticamente no existen ayudas estatales. “Al final, sabes de memoria lo que puedes tomar de cada marca y cada tienda, y haces la compra en mil establecimientos distintos”, cuenta Almudena. Así que salir adelante es cuestión de saber ingeniárselas. Y de proponérselo.

Síntomas de alergia: cutáneos, digestivos o respiratorios

La doctora Pilar Cots cuenta a el mensual cuáles son los síntomas que podemos observar en una reacción alérgica.

Entre los cutáneos se encuentra el picor, enrojecimiento de la piel, la aparición de ronchas tipo habones o la inflamación de ojos o labios. Síntomas digestivos, como picor en lengua, paladar  y garganta, diarrea, sangrado en heces, dolor abdominal reflujo o rechazo de las tomas en los niños pequeños.

También pueden desarrollarse problemas respiratorios: rinoconjuntuvitis (picor de nariz y ojos, estornudos, lagrimeo, mucosidad), asma, sibilancias o tos; y la anafilaxia o shock anafiláctico, que puede desencadenar la muerte.

“El día que probé un helado sin leche lloré de verdad”

María Rubio. Madrid, 1986. Enfermera  y alérgica a la proteína de la leche desde que probó el primer biberón. A partir de los 18 años también es alérgica a la ternera.

Desde su nacimiento, los padres de María fueron de médico en médico hasta que dieron con su diagnóstico. Conscientes de la desinformación que había y de la dificultad que representa tener un hijo alérgico, ellos, junto con otros papás de niños alérgicos, fundaron la asociación Aepnaa.

¿Cuál es tu historial de alergias, María? 

Cuando era pequeña no podía tomar muchísimas cosas, pero después se dieron cuenta de que no tenía tantas alergias, solamente a la leche. La alergia a la ternera la desarrollé a los 18 años. Sufrí una anafilaxis después de comerme un bocadillo cuando estaba en Zaragoza con unas amigas. Llegué inconsciente al hospital. Las alergias, a veces, suceden así, de manera espontánea, en la vida adulta.

Llevas toda tu vida unida al ámbito hospitalario. ¿Ha influido ello en la elección de tu profesión? 

Naturalmente. Después de tantas horas de pruebas, de hospitales y de contacto con el personal sanitario, se despierta un interés personal. De hecho, trabajo en una unidad de neonatos de un hospital público madrileño, aunque mi alergólogo no quiere que trabaje con bebés, por la continua exposición a la leche. Pero me protejo muy bien con guantes.

¿Sueles comer fuera de casa?

Sí, claro que salgo. Me gustan mucho los restaurantes japoneses, sus platos no suelen darme problemas. Y por supuesto, no he renunciado a viajar, no puedes quedarte en casa. Por si acaso, siempre llevo en la maleta un kit de supervivencia con jamón y almendras [risas], para no quedarme nunca sin comer. 

¿Cómo afecta tu alergia alimentaria en las personas de tu entorno? 

En casa todos comen lo mismo que yo, y… ¡nunca se han quejado! [Risas]. Pero mi novio, por ejemplo, cuando sabe que va a verme en unas horas, evita tomar café con leche, por ejemplo, porque de lo contrario no podría ni darme un beso.

¿Echas de menos comer con normalidad? 

En realidad, ya forma parte de mí. Una de mis aficiones es la cocina, me encanta preparar postres aptos para mí porque es lo que menos suelo poder comer. ¡El brownie es mi especialidad! Pero si pudiera comer cualquier alimento, lo primero que tomaría sería un helado de chocolate. ¡Tengo unas ganas! Hace un par de años probé por primera vez un helado sin leche. ¡Aquel día lloré de verdad! 

EFE

  • La empresa portuguesa ‘Minigarden’ utiliza un sistema vertical que permite montar jardines y huertas en paredes tradicionales a través de macetas que cuelgan.
  • El objetivo es ofrecer un producto que permita “cultivar alimentos de una forma más eficiente, con menores costes de producción y mayor productividad”.
  • Las “paredes verdes” ayudan a “absorber el ruido, aumentar la eficiencia térmica y tener contacto con el ámbito rural”.

Minigarden

Cultivar frutas y verduras dentro de casa ya es posible y sin necesidad de ocupar demasiado espacio gracias a las llamadas “paredes verdes“, que pretenden convertirse en una solución ecológica y eficiente para comer de forma saludable.

La expansión de este tipo de instalaciones —ya se encuentran tanto en sedes de grandes empresas como en domicilios particulares— se produce en un contexto de creciente preocupación medioambiental a nivel mundial, que alcanza también al sector alimentario.

En Portugal, la moda de los productos ecológicos se ha instalado con fuerza y en los últimos meses es visible la rápida expansión de franquicias dedicados a ellos en exclusiva, mientras al mismo tiempo ocupan cada vez un mayor espacio en las estanterías de los supermercados.

Otra señal son la aparición de las huertas urbanas en las principales ciudades del país, una iniciativa que permite consumir alimentos producidos por uno mismo y ayuda a crear “pulmones” en el centro de las metrópolis.

Como alternativa para este nicho de mercado se presenta la empresa lusa Minigarden, nacida en 2007 y que por poco más de 40 euros promete llevar un poco de “verde” al interior de los domicilios de las familias urbanas.

Estructura única y patentada

Con un mecanismo modular que no exige obra y se adapta a cualquier espacio, el sistema vertical utilizado por esta compañía permite montar jardines en paredes tradicionales a través de macetas que cuelgan de éstas y permiten el cultivo de flores, frutas o verduras.

El 90% de los ingresos proceden del negocio exterior y la firma lusa cuenta ya con clientes en más de 70 países repartidos por los cinco continentes, aunque es en Europa donde más vende.

De hecho, la fronteriza España es su principal mercado seguido por EE UU y algunos países de América Latina, con presencia en Chile, Colombia, Ecuador, México y República Dominicana.

“Las urbes son cada vez mayores y las personas cada vez tienen más necesidad de tener plantas en casa. Dada la falta de espacio, las paredes verticales son una solución, y permiten albergar jardines o huertas”, detalló en declaraciones el director de mercadotecnia de Minigarden, António Rodrigues.

Con una estructura única y patentada que la diferencia de otras competidoras del mercado, el objetivo de la compañía pasa por ofrecer un producto que permita “cultivar alimentos o hierbas de una forma más eficiente, con menores costes de producción y mayor productividad”.

“Hoy en día, las personas desconfían de los alimentos que comen y cuando alguien puede consumir una lechuga que plantó por sí misma, sabe perfectamente lo que está ingiriendo”, recalcó.

Ventajas de las “paredes verdes”

Las ventajas de estas “paredes verdes” sobrepasan el ámbito de la alimentación, ya que según Rodrigues “ayudan a absorber el ruido” y permiten aumentar la eficiencia térmica del domicilio, además de suponer en su opinión una mejora estética, ya que los cultivos sustituyen las tradicionales paredes.

El portavoz de Minigarden destaca incluso el componente educativo de estos jardines verticales. “Las nuevas generaciones que nacen en las ciudades apenas tienen contacto con el ámbito rural, y muchas veces no saben ni cómo crece una planta”, lamenta.

La compañía portuguesa es uno más de los negocios creados en torno a la llamada “Revolución Verde” en el ámbito urbano, y que busca habilitar espacios para fomentar el cultivo lejos del campo.

Sus paredes visten desde locales de McDonald’s hasta habitaciones de hotel y sedes corporativas como la de Microsoft en capitales tan distantes y diferentes como Madrid, Hong Kong, Santiago de Chile o Abu Dhabi, una “cascada verde” muestra de la comunión posible entre naturaleza y espacio urbano.

 

 

EFE

  • Investigadores de la Politécnica de Valencia y de la Universidad de Arkansas han realizado un estudio sobre las sensaciones según el lugar donde se come.
  • Se sometió a 184 voluntarios a almuerzos en dos sitios, una sala de catas y un restaurante, y con tres tipos diferentes de vajilla: plástico, doméstica y ‘gourmet’.
  • El informe revela también que la incongruencia de entorno y herramientas, como manteles de lino en el trabajo, también afecta negativamente.
  • Consulta aquí el estudio (en inglés).

Comer en el trabajo

La percepción del sabor de un menú es más positiva y la sensación de saciedad es mayor cuando el consumidor lo ingiere en un restaurante en vez de hacerlo en el comedor del trabajo, así como cuando está servido con cubertería de metal en vez de plástico.

Así se desprende de un estudio desarrollado por investigadores del grupo Cuina de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y de la Universidad de Arkansas (Estados Unidos), publicado recientemente por la revista Food Quality and Preference.

La investigadora de la UPV y una de las autoras del estudio, Purificación García Segovia, ha explicado que para llegar a esta conclusión llevaron a cabo diferentes pruebas sensoriales con un total de 184 voluntarios de la Universidad de Arkansas en dos ambientes distintos, una sala de catas y un restaurante.

Asimismo utilizaron tres tipos diferentes de vajilla en cada uno de los casos: de plástico; doméstica, con vaso de cristal, cubertería de metal y salvamantel de tela; y de ‘gourmet’, con mantel de lino y platos más grandes y de cerámica más fina.

El objetivo del estudio era medir las sensaciones de los consumidores en estos contextos y analizar cómo varía su percepción de la comida, así como de la calidad y el tamaño de las raciones en cada uno de los dos escenarios.

Los investigadores analizaron igualmente el tiempo empleado por cada comensal para acabarse el plato y determinaron que en los entornos más realistas se incrementa el tiempo destinado por el consumidor.

Incongruencias

“Lo que nos sorprendió es que, como hipótesis de partida, esperábamos que en las pruebas realizadas en la sala de catas, la presentación ‘gourmet’ fuese mucho mejor valorada que los otros dos, en lo que se refiere a más apetecible y que se consumiese toda la porción“, ha apuntado García.

Sin embargo, los resultados fueron justo al revés: en las cabinas de la sala de cata la percepción de más apetecible y más satisfacción se daba cuando la comida se servía directamente en la bandeja de plástico.

Buscando resultados similares, al final los investigadores comprobaron que el comportamiento del consumidor también depende de la buena o mala combinación de los entornos.

Al consumidor le parece una incongruencia el tener en un contexto de sala de catas o salita del trabajo una presentación tipo ‘gourmet’, y eso se relaciona con los malos resultados obtenidos en esta combinación de entornos, frente al hecho que es más congruente tener un plato de plástico y cubiertos de plásticos en un entorno laboral o de laboratorio.

“De aquí deducimos que la buena selección de entornos, congruentes con la presentación de los platos, va a ser también un factor de éxito en la percepción del consumidor”, ha apuntado García.

El estudio, según la investigadora, resulta de especial interés para los profesionales del sector de la hostelería porque han comprobado cómo una determinada presentación de la mesa o de los platos puede mejorar la impresión que el comensal se lleva del menú servido.

Por ejemplo, insiste, “en un local de comida típica española, una mesa diseñada con motivos del país puede generar más motivación y una mejor sensación en el consumidor que consume el menú”.

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